Vapuleado por la opinión pública y la clase empresarial del sur el año pasado por la turbia asignación de una millonaria licitación de compra de uniformes escolares a la fantasmal empresa poblana “Comercializadora Adicón S.A. de C.V.”, el chetumaleño Manuel Alamilla Ceballos –Oficial Mayor del gobierno estatal– tiene en sus manos la posibilidad de reconciliarse con la ciudadanía en este 2018, cuando de nueva cuenta la dependencia alista la convocatoria para licitar la adquisición de miles de uniformes para estudiantes de educación básica.

El funcionario, quien logró sortear el vendaval y mantenerse en el cargo a duras penas, se reunió en días pasados con dirigentes de la Canaco y la unión de textileros del sur del estado con la finalidad de presentarles los detalles de la nueva licitación para brindarles una ventaja competitiva.

Alamilla Ceballos mantiene el discurso de que por ley la licitación será abierta y de carácter nacional, por lo que no puede cerrar la puerta a empresas y comercializadoras foráneas que cuentan con ventajas significativas.

Los golpeados empresarios sureños no están de brazos cruzados y anticipándose al Oficial Mayor enviaron desde finales de marzo una carta al gobernador Carlos Joaquín González pidiendo que se deje en manos de las empresas locales el trabajo de elaboración de uniformes escolares; argumentan que el año pasado tuvieron severas pérdidas por la entrega gratuita de estas prendas.

La razonable petición de los empresarios no debe ser echada en saco roto, sobre todo en las condiciones económicas críticas que se viven en la región; este tipo de inversiones millonarias contribuye a reactivar el desarrollo perseguido como un sueño en la zona sur.

La práctica del proteccionismo al empresariado local, que si bien oficialmente no se puede avalar por una cuestión legaloide, es bastante común en otros estados como Yucatán, donde desde el gobierno se cuida y estimula a los emprendedores propios otorgándoles contratos y licitaciones que permiten fortalecer su crecimiento económico y hacer a sus empresas más competitivas.

Siguiendo ese ejemplo, los textileros del sur y centro están organizados y decididos a quedarse con la licitación de los uniformes, dando la oportunidad al Oficial Mayor de lavar su error del año pasado y quitarse la etiqueta de villano para los chetumaleños de vigorosa memoria.