Quien haya leído en su momento, 1981, el libro La disputa por la nación, escrito por Carlos Tello Macías y Rolando Cordera, sabrá lo persistente que ha sido la lucha entre dos proyectos de nación que viven en las entrañas históricas de México y que Tello y Cordera delinearon en aquel libro.

Uno era el proyecto que llamaron neoliberal, que traería consigo “la perspectiva de una acelerada integración global con la sociedad norteamericana”. Su implantación requeriría un “periodo de ajuste” con “mayor marginalidad y polarización”, sin menoscabo de que, al mismo tiempo, se produjeran un mayor consumo y un crecimiento económico relativamente rápido, así como “un mayor deterioro del contenido de masas que todavía caracteriza al Estado mexicano”.

El segundo proyecto, que llamaron “nacionalista”, implicaría la “reactualización del proyecto cardenista de los años treintas: un vasto programa de reformas económicas y sociales”, destinado a lograr “una efectiva integración económica nacional y una disminución sustancial de la desigualdad y la marginalidad prevalecientes”.

La puesta en marcha de este segundo proyecto daría lugar a “enfrentamientos políticos y sociales que afectarían las pautas de acumulación imperantes”. Su realización parcial “podría desembocar en un reforzamiento de las formas de dominación corporativa que pesan sobre los trabajadores… y en nuevos y más vigorosos mecanismos de explotación, desigualdad y dependencia”.

Naturalmente, explicaban Cordera y Tello, ninguna de las opciones existía en la realidad “en estado puro”, ni podría llevarse a la práctica de manera irrestricta, sin poner a México en “la tesitura de un cambio de régimen”.

Me admira la actualidad de estas palabras en un momento histórico en que México, luego de haber dado grandes pasos en el rumbo “neoliberal”, parece dispuesto a volver al proyecto nacionalista descrito en aquel libro (México: la disputa por la nación. Perspectivas y opciones del desarrollo. Siglo XXI Editores, 1981).

Poco después de impreso el libro de Cordera y Tello, a principios de los 80, con el nuevo gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988), México emprendió la vía neoliberal.

Algo sobre aquel momento mañana, no por hacer arqueología, sino para hablar de nuestro presente inmediato y nuestro posible futuro.