Aunque en su momento a muchos sorprendió el anuncio de que Tatiana Clouthier sería la coordinadora de campaña de Andrés Manuel López Obrador, otros entendimos que quizá, independiente del partido, se había decidido a retomar la voz de su padre, el siempre recordado Maquío, que en 1988 advertía que nadie iba a luchar por nosotros, cada quien tendría que hacer su propia lucha desde la trinchera que eligiera...

Tatiana, a quienes muchos llaman “la Reina de Twitter” dijo recientemente que en aquel entonces a su padre también lo llamaron populista por sus propuestas y el matiz de su campaña, lo cual le generó muchas críticas por supuesto. Y no es mentira: su padre, como Andrés Manuel, quería un cambio para México. Su padre, como Andrés Manuel también tenía sus temas “contra el grupo en el poder” y claro, su padre, como Andrés Manuel, era autoritario. Pero eso no hace a López Obrador un Clouthier, es más ni la sombra de Maquío. Tampoco lo hace ver como un empresario exitoso o responsable porque empresario... Bueno, por obvias razones.

Por otro lado, como hemos visto recientemente en los medios, la resistencia civil pacífica fue en sí una estrategia de campaña con la que se integró el primer gabinete alternativo, que Andrés Manuel revivió en 2006 y... Y nada. De ese gabinete no se vio una sola cosa además de hambre de poder... Hambre que posiblemente se convierta en voracidad...

Quizá lo que ella no ve es que Andrés Manuel nunca será Maquío porque por mucha esperanza que contagie México no necesita esperanza, sino acciones, no necesita populismo sino gobierno, una verdadera administración de los recursos públicos, un gobierno.

Lo que en aquellos años sucedía con el Ing Clouthier era algo que Andrés Manuel no ha logrado en todos estos años de opacidad: hacer valer el dicho de que la palabra convence pero el ejemplo arrastra. Y Maquío era eso: el ejemplo que arrastra.