¿Quién no conoce alguna obra de Chopin? Te embelesa, te transporta, existe armonía; cual engranaje perfecto de acordes, la maravilla de la orquesta. Pero ¿imagínense que sucedería si alguno de los instrumentos se rebelara y no dejase cristalizar la obra maestra? Simplemente, deberá ser sustituido ipso facto.

Pues de esta manera trabaja cualquier empresa, más allá de intereses particulares. Sobra destacar que para sobrevivir y  alcanzar objetivos, se necesitan el diálogo y la comunicación efectiva, dejando a un lado traumas y complejos del “pequeño”.  Amable lector, coincidirás en que la proclividad por el egoísmo y lograr cualquier cosa a cualquier precio es muy común en esta época; ese pisotear sin miramientos es el escenario lastimosamente cotidiano.

Así le comentaba a adusto directivo al que poco le falta para partir, y sin querer, cual pasaje bíblico, negó tres veces su origen y las enseñanzas de excelsos maestros. Recientemente cumplí un año más de vida, que se suma a décadas de experiencia, y cual agua entre las manos, veo cómo cambian los tiempos. Se trastocan con frecuencia los valores y principios, empañando destacables liderazgos que caracterizaban áreas específicas de otrora imbatibles  instituciones.

Estando casi al final de la segunda década del siglo XXI, y haciendo un recuento de eventos históricos de mi efímero deambular, los lugares que me han albergado están matizados de pasajes cimentados en la suma de esfuerzos, sin reparar en carestías, sintiéndome orgulloso de emblemáticos centros de atención. Desafortunadamente no todos han llegado a esa madurez sin barreras cuando de servicio hablamos. Vivimos experiencias que trasudan egoísmo acérrimo, plagadas de prepotencia obscena, que atraen a la memoria los circos romanos y que a la postre sólo envilecen nuestra identidad y la imagen se enrarece ante el extraño.

Tengo fresco en mi mente cómo, en la mayoría de los casos,  la adversidad es sinónimo de suma para sacar adelante cualquier proyecto. Desafortunadamente es inevitable toparnos, cuando de realizar excelsas acciones se trata, con el egocentrista, inconforme y corrupto, que olvida cimientos de nuestros ancestrales guías académicos que dieron lustre a este apéndice de nuestro México. Apatía y desidia profesional de los “pequeños” son los obstáculos que se interponen a la intención.

Considero que es el momento de hacer reflexiones que, desde una perspectiva muy particular, evidencian la metamorfosis de las generaciones, que, como algo normal y sano, no pueden pensar y ser como nosotros; pero sí somos responsables de no haber sabido sembrar o supervisar ese camino de  la humildad y lealtad que merecen todos aquellos por los que verdaderamente vale la pena vivir y dar la vida.