Quién no recuerda a la inmortal Celia Cruz entonando el “Yerberito moderno”: Se oye el rumor de un pregonar/que dice así: el yerberito llegó, llegó/ traigo yerba santa pa´la garganta. Traigo a colación la canción, toda vez que la charlatanería, plagio y engaño en el terreno de los medicamentos va creciendo y arrasando con vida humanas, cual jinete del Apocalipsis. La tecnología con horizontes infinitos se está volviendo vehículo facilitador que permite falsificación sin escrúpulos de productos que se diseñaron para devolver la salud a pacientes.

Químicos “casi idénticos al original” (en su presentación) están al alcance de la mano. Baste confirmar mi aseveración con los datos o alertas que emite Cofepris. Sin conciencia ni responsabilidad alguna, cualquier vecino(a), pariente o amigo, denuestan prescripciones médicas e incitan al consumo de sustancias que no tienen fundamento científico para su consumo, y mucho menos exhiben garantía de seguridad alguna, facultad que es potestad de la Secretaría de Salud.

Destaco lo anterior cual marco referencial, toda vez que, como médico, me incomoda encontrar gente que en pleno siglo XXI es presa fácil de la charlatanería. Dolientes por doquier abandonan su tratamiento especializado por atender a merolicos, quienes ofrecen mejunjes o sustancias que ni por error han pasado evaluación alguna.

Un medicamento, para ser autorizado, requiere transitar durante 5 a 8 años por innumerables procesos de investigación científica antes de salir al mercado. A pesar de todo ello, por efectos indeseables o riesgos presentados durante su uso, más de uno se ha tenido que descontinuar.

En el extremo opuesto a ética y profesionalismo, de pronto salen  productos que ofrecen ser la panacea o fuente de curación y eterna juventud. Sin mayor miramiento, la gente invierte su dinero y cae en la red de falaz mercadotecnia. ¡Ah, eso sí!, se curan de espanto colocando con letras mayúsculas:  “Este producto no es medicamento y es responsabilidad de quien lo consume” . Es necesario sumarnos al exhorto de la Secretaría de Salud y evitar consumir “pócimas mágicas” que no tengan registro, y privilegiar lo que tu médico prescriba y sugiera.

Los medios de comunicación deben seguir siendo un vehículo de formación. Es impostergable exigir que todos cumplan responsablemente su compromiso social, y respaldar con contenidos de calidad la confianza del público que nos consume.

Mientras más intercomunicación exista con los líderes de opinión médica, estaremos dando pasos seguros en nuestra afanosa carrera por alcanzar una sociedad mejor informada y más sana. Con maduro ejemplo, leguemos conocimientos sin defectos  de origen