Unos dicen que estamos al final de la historia; yo confío en que estemos al principio. Florestán

No cabe duda de que el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador provocó una ola de entusiasmo, potenciada por sus anuncios durante las dos semanas que siguieron a la victoria del 1 de julio.

Y así vimos cómo sus desplazamientos en el pejemóvil eran seguidos por multitudes y nubes de periodistas, y también las guardias a las afueras de su casa de transición, que parecía la nunciatura hospedando al Papa, con centenares de personas esperando, no para pedirle una bendición, que los hubo, pero sí para verlo, tocarlo y exponerle sus necesidades, ya de viva voz, ya por escrito. Ha sido tal el alud, que ya pusieron horario de recepción.

Los días que siguieron al 2 de julio han sido frenéticos: su reunión inmediata con el presidente Peña Nieto en Palacio Nacional, señal de que será una transición de terciopelo, los nombramientos del próximo gabinete, las declaraciones de los escogidos, 50 puntos de gobierno, la entrevista con el equipo de Trump, la nueva Secretaría de Seguridad Pública, el cambio de nombre y adscripción del Cisen como Agencia de Inteligencia, la venta del avión presidencial, la duda sembrada por Javier Jiménez Espriú sobre el NAIM que se decidirá, dijo, vía consulta; la desaparición del Estado Mayor Presidencial, error mayúsculo; la clausura de Los Pinos como residencia oficial; la cancelación de la reforma educativa; el recorte de salarios a todos, empezando por él; la conformación de la mayoría legislativa que, como dijo Gerardo Fernández Noroña en el Foro de Sao Paolo, en La Habana, nos permitirá hacer todas las reformas constitucionales que queramos; la desaparición de los delegados federales y la creación del coordinador estatal como un poder político y financiero superior a los gobernadores, y más.

En fin, que han sido días de una intensidad agotadora y por eso se fue unos merecidos días a La Chin…, su casa de descanso allá en Palenque. Yo solo digo aquí a algunos de los suyos: para qué incurrir en los engaños como la audiencia privada con el Papa y la confirmación de su participación en los foros de paz y seguridad y lo del padre Solalinde, que ya había planchado lo del EZLN, que lo desconoció y descalificó.