Durante dos semanas se realizó el registro en 3D y la fotogrametría terrestre del Palacio del Gobernador. Por las dimensiones y la altura del edificio fue necesario el uso de andamios metálicos para alcanzar los detalles decorativos del friso, una escalera de 3 m con alerones, ruedas y seguros para la fotogrametría. Los 40º de temperatura ambiental afectaron el funcionamiento del escáner 3D, lo que obligó a cortar el horario para trabajar 11 horas al día. Como primera actividad se realizó el registro con el escáner 3D en el perímetro del edificio, con la ayuda de cuatro andamios con una altura de 6 m dispuestos a cada de 5 m. Una segunda labor de escaneo 3D se cumplió sobre el techo del Palacio del Gobernador, a donde subimos con la ayuda de dos escaleras de 3 m de altura que fueron colocadas en el paramento y el friso. La tercera actividad se enfocó en el escaneo del interior de las once habitaciones que integran este inmueble. La cuarta actividad de trabajo con el escáner 3D fue el registro perimetral del basamento sobre el cual se desplanta el Palacio del Gobernador con el fin de registrar todos lo rasgos in situ del monumento.

A falta de limpieza del edificio fue necesaria la ayuda de un grupo de trabajadores de los poblados de Abalá, Muna y Santa Elena; haberlo limpiado hizo más evidentes los rasgos del Palacio. Además de las labores de registro con el escáner 3D, se hizo el registro fotogramétrico del mismo edificio, el cual consiste en fotografiar a detalle cada sector para luego empalmarlo con el escaneo en 3D. La labor fotogramétrica requirió la toma de más de quince mil imágenes. Después del levantamiento de datos con el escáner 3D y la fotogrametría se procesarán los datos hasta lograr una imagen en 3D con calidad milimétrica, que nos muestre el estatus del deterioro actual, el registro de la patología y su caracterización.

El producto será utilizado para labores de investigación científica, conservación y restauración y para la difusión didáctica de los monumentos del sitio. El equipo de trabajo lo integran Dra. Cristina Vidal, Dr. Gaspar Muños, Mtro. José Huchim, arquitectos Rosana Martínez, Sara Portela, Silvia Puerto, Ricardo Montouri y arqueólogos Héctor Cauich y Patricia Valencia. Esta labor no hubiera sido posible sin la ayuda de Abrahán Che, Rafael Gerónimo y Gonzalo Vázquez.

Los amuletos de los cazadores

En Abalá me encontré un día al Sr. Rosendo López, mejor conocido como don P’ex, palabra maya que significa pequeño o raquítico y que nada tiene que ver con aquél, ya es un señor alto, fuerte y de gran sentido del humor.

Don P’ex nos comentó que su abuelo, Graciano López, era cazador y cobraba todos los días dos o tres venados, en ocasiones hasta cuatro, pero se peleaba con su esposa doña Ramona porque vendía la carne y la ganancia se le iba en borracheras. Una noche que fue a un plantel que se llama Buey, entre Abalá y Sihunchén, en el camino se topó con una serpiente uolpoch’, al tratar de evadirla apareció otra uolpoch’ y otra más, hasta verse casi rodeado de serpientes, quedó inmóvil y al ver que se le iban encima, escapó como pudo y volvió a su casa porque este evento lo interpretó como un aviso.

Durante más de un año no salió a cazar, pero su esposa le pidió que lo hiciera porque tenía ganas de comer venado. Don Graciano se resistió hasta que una noche decidió ir de cacería en el monte donde había un árbol de Gu’nche’, es decir, de bonete, cuyos frutos son la comida predilecta de los venados. Subió al árbol, colgó su hamaca y como a las nueve de la noche oyó que se acercaban venados. Eran como 80 ó 100 animales alrededor del árbol, que empezaron a emitir silbidos y a remover con las patas la tierra junto al árbol. El hombre sentía cómo se movía el árbol y no daba crédito a lo que le estaba pasando, pero siempre tenía consigo amuletos: la piedra de venado, la bola y los colmillos del animal untados con la sangre del ciervo.

También un gusanito que le sale de la nariz al venado y dicen que si se traga vivo el bichito, cuando uno contrae los labios para chiflar, es al animalito el que realmente silba para llamar al ciervo.

Al final no pudo dispararle a ninguno de los cien venados que estaban bajo el árbol, se durmió y al día siguiente, como a las siete de la mañana, despertó, tiró los amuletos en el monte y regresó a su casa.

Este hecho se considera como un reclamo para que el cazador devuelva los amuletos al monte porque se ha vencido su ciclo y los venados los reclaman de esta manera.