La vida es un fenómeno muy misterioso. Dura un tiempo determinado para cada ser. Podemos hacer muchos viajes a lo largo del viaje de la vida, pero el “gran viaje” es el de nuestra propia vida.

Todo viaje cuenta con momentos buenos, a veces sublimes y momentos menos buenos; pueden surgir dificultades y circunstancias inesperadas, tanto favorables como adversas. En el viaje de nuestra vida, que puede ser muy largo, inevitablemente nos encontramos con lo grato y lo ingrato, con personas que nos ayudan y otras que nos perjudican. La vida es impredecible e imprevisible. Hay que vivirla de momento a momento, es una sucesión de instantes. Esto requiere una mente vivaz, sentidos muy despiertos y una consciencia muy alerta para vivir la realidad inmediata. No lo que ha sido o lo que será, sino lo que es. Abiertos y conectados para saborearla con intensidad. Abiertos a la sorpresa, con atención y con desapego, con alegría y sabiendo fluir, tomando y soltando. Vivir lo que es, sin distorsionar o falsear. Sin juzgar, sin perseguir…

Vivir, requiere voluntad porque la vida es reto y también una gran maestra. Cada día es una valiosa enseñanza que puede abrirnos la conciencia. La vida no se puede controlar, lo que sí podemos es manejar nuestra actitud. Lo importante es lo que se hace con la vida ya que no es una idea, es una experiencia. Podemos aprender a vivir más armónica y plenamente.

Una cosa es el conocimiento y otra, muy distinta, es la sabiduría. Ésta es personal e intransferible y se desarrolla en uno mismo. Se puede tener muchos conocimientos y ¡no saber vivir! Ahora le llaman “inteligencia emocional” a saber ser, sentir y sentirse, expresarse con respeto, relacionarse y tener la capacidad de ver las cosas en su justa medida e importancia; ser humilde y sencillo apreciando la paz interior al asumir todo para el autodesarrollo.

El sufrimiento es optativo. Está en la mente neurótica e inmadura. Querer que las cosas sean como uno quiere y no como son. La mente neurótica cuando no tiene problemas los crea imaginarios. Urge cuidar, equilibrar y sanar la mente. La higiene mental consiste en limpiar y organizar la mente.

Todo tiene un sentido. Es en el diario vivir donde está la oportunidad de emplear todos nuestros recursos internos, para encontrar el maravilloso propósito de nuestra vida. Todo depende del modo como tomamos las cosas. Todo depende de nuestra actitud en este bello gran viaje que es tu vida y la mía.

¡Ánimo!, hay que aprender a vivir.