En los procesos electorales, cada candidato sabe, desde el principio de la contienda, sus posibilidades reales de ganar, y aun cuando todos utilizan un discurso de vencedores, los que parten rezagados tienen como objetivo posicionarse a sí mismos y sus partidos en el mejor lugar para la siguiente elección, “golpeando” para ello al candidato que consideran es su inmediato superior en preferencias..

Pero además de lo anterior, quienes creen ir a la delantera, poco tiempo del proceso utilizan para atacar a sus contrincantes, confiados en que su poderío será suficiente para llegar a las elecciones, lo cual puede ser engañoso y puede ocasionar derrotas sorpresivas. A Andrés Manuel López Obrador le ocurrió en 2006.

Quedando una semana de campañas, las alineaciones finales con rumbo a la presidencia de la República, senadurías, diputaciones federales y, en el caso de Quintana Roo, las once alcaldías, entran en su etapa final. Morena, sin duda, es el enemigo a vencer prácticamente en todas las elecciones federales, no así en las locales, en donde los desatinos de elegir malos candidatos y las erróneas decisiones de estos, no representarán necesariamente el “carro completo” que desea Andrés Manuel.

Los debates que esta semana se realizan, organizados por el Instituto Electoral de Quintana Roo han puesto en su justa dimensión a los abanderados de cada partido, y mostró que, más que una estrategia para no perder preferencia, la no participación de los candidatos de Morena se debe a su falta de propuestas, pues si el caso fuera, la abanderada de ese partido para la alcaldía de Solidaridad, Laura Beristain Navarrete, no habría acudido, y no sólo lo hizo, sino que a la actual alcaldesa que busca la reelección, Cristina Torres Gómez, la hizo ver como retadora.

Los que se sienten favoritos tienden a presentarse sólo en “ambientes controlados” como caminatas o charlas con vecinos, pero en procesos como el actual y en municipios como el capitalino Othón P. Blanco, es más lo que se pierde que lo que se gana con estrategias de ese tipo, particularmente porque hay candidatos competitivos.

Por las competencias cerradas es que los debates sí inciden en el ánimo del elector, los resultados en las elecciones locales aunque permiten ver posibles ganadores, nadie puede echar las campanas al vuelo; por cierto, que los francos perdedores han echado mano de ataques mezquinos que al final opera más en su contra que en su beneficio, ¿verdad María Hadad Castillo? Así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra. Nos leemos en la próxima.