En apariencia, la tendencia mayoritaria en la elección presidencial no tuvo cambios, ni se esperaba tampoco una enorme diferencia una vez que se realizara el debate, pero sí la hubo y la habrá en los siguientes ejercicios organizados por el INE antes de las elecciones, pues la verdadera lucha está en los espacios por el Congreso federal, y de eso dependerá el éxito del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, o su enorme fracaso que le permita acusar del mismo a los de siempre: “La mafia del poder.”

La estrategia del que avanza en primer lugar fue clara, no cayó en provocaciones y así se mantendrá en los dos ejercicios por venir; pero lo interesante está en el segundo y tercer lugar, porque atendiendo a la dinámica de los procesos, en la que la candidatura presidencial incide en los candidatos al Congreso y el Senado.

El puntero sabe de ello, por eso en sus spots de televisión llama a votar también por sus candidatos a legisladores y, aunque tendrá una mayoría simple, por ley no puede tener más de 300 –de un total de 500- legisladores por ambos principios, es decir de mayoría relativa y de representación proporcional; y se requiere de mayoría calificada –dos tercios de total- para realizar modificaciones constitucionales, por ello es aquí donde está el verdadero debate; porque no debiera preocupar entonces si Anaya “copia” las propuestas de AMLO, pues si priva la congruencia, la agenda legislativa se integraría fácilmente y gobernabilidad existiría.

¿O se imagina el lector al PRI dando marcha atrás a sus propias reformas? Sí, el PAN las apoyó en su momento, pero no es su gobierno el que termina, ni el que lleva a cuestas el desprestigio de la afectación presente. Y entonces sí importan el segundo y tercer lugar, por eso la batalla encarnizada está a ese nivel; en materia de elecciones, los mexicanos nos hemos acostumbrado a los juegos de “suma cero”, en donde el  triunfo de uno es la derrota del adversario, pero es importante que aprendamos a distinguir que la alternancia y el “voto cruzado” tienen intencionalidad más allá del “castigo”.

 No pretende el escribiente incitar al sufragio en uno u otro sentido, esta aportación es apenas un llamado a la reflexión, no se trata únicamente de que gane uno y pierda otro, se trata de qué tipo de gobierno se construye y qué tipo de país se espera lograr, no se trata de destruir al oponente, sino de pensar todos ser mejores; así se observa desde aquí, A Tiro de Piedra.