Envueltos en la polémica por la aprobación de una Ley de Asentamientos Humanos que reduce significativamente el tamaño de las viviendas que los desarrolladores podrán construir en Quintana Roo y transcurridos casi dos años del período de la XV Legislatura, autodenominada “del cambio”, vale la pena revisar los pendientes que los legisladores tienen en la agenda que ellos mismos se fijaron, pues de los temas contenidos se han abordado actualmente menos de la mitad.

Hay temas polémicos como la creación de una Junta de Coordinación Política, desapareciendo con ello la Gran Comisión, que han quedado de lado, pero hay muchos otros que ni siquiera han sido discutidos, por ejemplo, destinar el uno por ciento de los recaudado por Impuesto al Hospedaje para acciones en favor de los grupos indígenas en Quintana Roo, lo cual sin duda aminoraría la marginación en la que viven.

Ahora bien, recientemente la XV Legislatura, que encabeza el diputado Eduardo Martínez Arcila –también candidato a diputado federal plurinominal– estuvo envuelta en el escándalo por la supuesta falta de comprobación de cien millones de pesos por “gasto social”; pero independientemente de los señalamientos, desde 2017 los diputados aprobaron en su agenda legislativa la desaparición de ese rubro del presupuesto legislativo, tema que por supuesto no ha sido aprobado y no se encuentra próximo a integrarse a los temas de discusión del presente o siguiente periodo.

Pero en cuanto a los temas de impacto social también hay rezagos, como los de salud, en donde plantearon la posibilidad de despenalizar el aborto o legalizar la eutanasia, construir un hospital psiquiátrico (la entidad está entre las 8 que no cuentan con instalaciones de este tipo y, tan sólo en 2017, se registraron cifras de atención de mil 950 personas con distintos trastornos) y la regularización de acciones para prevenir el suicidio, siendo Quintana Roo el tercer lugar nacional con mayor incidencia en esta problemática.

En la presentación de la agenda, la legislatura señaló que su papel “está llamado a ser históricamente el más trascendental de la vida política del estado”, pero los resultados están muy alejados de ello y no se trata de percepciones personales, pues en una revisión simple de sus propios compromisos puede observarse el abandono de la labor, y eso que los juicios políticos no están contenidos en la misma; su misión de garantizar una mejor calidad de vida no se cumplen con leyes como la de asentamientos urbanos recientemente aprobadas, pero ¿qué tal si recordamos que los actuales diputados prometieron aprobar la prohibición para que ningún legislador abandonara su encargo para aspirar a otro?

¿Qué tal si recordamos que prometieron actualizar la normativa y poner en vigencia temas como los servicios profesionales de carrera estatal y municipales, que prometieron una modificación a la normativa electoral que reduciría en cincuenta por ciento el financiamiento que cada año se entrega a los partidos políticos; que prometieron dotar de autonomía a la Universidad de Quintana Roo –a propósito de que acaba de cumplir 27 años de su creación? Más allá de las “cajitas de cartón” que se construirán ahora como viviendas por la ley que sí aprobaron, los temas que han quedado a deber los diputados del cambio son muchos, tantos, que se antoja difícil que los desahoguen en lo que queda de su gestión.