La semana pasada el presidente Enrique Peña Nieto concedió varias entrevistas que generaron nota. Reconoció, por ejemplo, que fue un error haber involucrado a su esposa en la explicación de la casa blanca. Además, pidió perdón por sus desaciertos y ofreció una disculpa a quienes pudieran sentirse agraviados por su gestión.

Sobre la elección, afirmó que para los seguidores del PRI no funcionó la opción de José Antonio Meade, presumiblemente por ser un candidato sin el sello del partido. En aparente contradicción, en otra entrevista consideró que, en aras de seguir siendo una opción para los mexicanos, el PRI debería redefinirse y replantearse, pues su nombre y esencia están estigmatizados.

Por fin, el sello del PRI, ¿faltó o sobró?

Los resultados electorales dejan ver que al PRI le fue mejor en las elecciones para diputados y senadores, en las que superó los 9 millones de sufragios, que en la presidencial, con una candidatura externa que solo le sumó 7 millones 677 mil 180.

Algo parecido sucedió en los gobiernos estatales. De las nueve entidades en juego, solo en Morelos le fue mejor al PRI con Meade que con su candidato a gobernador. En el resto ocurrió lo contrario, como en Yucatán, donde los 286 mil 363 votos para Meade quedaron por debajo de los 364 mil 68 que reunió el priista de cepa Mauricio Sahuí.

En una primera lectura, estos datos sugieren que efectivamente los priistas no se movilizaron para apoyar a Meade con la misma fuerza con que lo hicieron en otras contiendas. Y tal vez eso se debe, como lo dijo el Presidente, a que Meade no era uno de ellos.

Sin embargo, vistos en su conjunto, los resultados electorales reflejan que el desafío del PRI va mucho más allá del perfil de sus candidatos. Salvo en Yucatán, la votación del PRI en los estados no superó 18 por ciento y apenas rondó 16% en las elecciones para diputados y senadores.

Quizá Meade no pudo entusiasmar a las bases priistas, pero la barrida que le dieron al PRI en todos los ámbitos no deja duda de que es el sello del partido el que debe replantearse, como también lo dijo el presidente Peña.