El lunes pasado el gobernador Carlos Joaquín González presentó el “Modelo de Prevención Quintana Roo”, en Cancún, donde los índices son adversos en seguridad, aunque nada ajenos al ambiente nacional, caracterizado por cifras de escándalo en el rubro.

El fin último es lograr un estado justo y pacífico, lo cual se convierte en una tarea titánica por todo lo que está en juego. Tiene múltiples virtudes: de entrada es innovador, porque rompe con los paradigmas tradicionales, ya que su instrumentación estará a cargo del gabinete social y no del gabinete de seguridad ni de una instancia gubernamental especifica.

El esquema va más allá, al pretender una reconstrucción del tejido social, deteriorado por elementos estructurales, la falta de cultura de legalidad, el avance de la corrupción, la impunidad de años y evidentemente la delincuencia.

Y en la entidad sabemos que la corrupción y la impunidad en el poder y desde el poder han sido tan culpables como la falta de oportunidades para surgir en el incremento de esa inseguridad. Por eso ahora se asume el desafío identificando los errores de otros en el pasado y también asumiendo la responsabilidad en el contexto actual.

El mandatario estatal explicaba que la ciencia criminal establece que el delito está influenciado por dos aspectos: el primero, relacionado con los motivos individuales que llevan a un infractor a violar la ley; y el segundo, vinculado a un conjunto de circunstancias sociales que crean las condiciones para cometer dichos delitos. A pesar de esa evidencia se hace caso omiso de sus componentes sociales, acotando los esfuerzos sólo al ámbito policiaco, aun cuando el fenómeno es multifactorial.

En definitiva, el problema es que no se ha concebido la importancia estratégica de la prevención de la violencia, del desorden y de la delincuencia, y cuando se le ha contemplado, no se advierte su dimensión social como un pilar clave para la solución de la problemática.

Ahora, sin embargo, la estrategia reconoce la complejidad del reto, y eso implica trabajar, sociedad y gobierno, fortaleciendo la coordinación entre los niveles, principalmente entre el estado y los municipios. Además, se ensancharán los canales de la participación ciudadana, con lo cual el habitante está invitado a ser protagonista.

Dicen los que saben que se garantiza resultados de corto, mediano y largo plazos, por las dimensiones que abarca. Estaremos, entonces, atentos a su desarrollo.