A 26 días de las elecciones los porcentajes de preferencias electorales para la presidencia no se han movido y las esperanzas de los rivales y enemigos de Andrés Manuel López Obrador van palideciendo en esta recta final, pero mientras que en el plano nacional todo gira en torno a un solo candidato, en Quintana Roo, donde el Morena y el PES se separaron y postulan aspirantes propios a las alcaldías, el panorama aún es incierto con todo y la casi total seguridad de que el voto para presidente será claramente a favor del tabasqueño.

Nos se sabe todavía si José Luis “Chanito” Toledo Medina obtendrá la candidatura para el Ayuntamiento de Benito Juárez en la última instancia jurisdiccional electoral para competirle al Morena –el PES ahí no parece gran opción–, pero en otros lares, particularmente en Othón P. Blanco, el panorama se ha puesto por demás interesante: El candidato del partido de Andrés Manuel, Hernán Pastrana Pastrana, es competitivo y apreciado pero no hay seguridad de que vaya a arrasar, pues el del PES, Manuel Valencia Cardín, ha resultado muy atractivo para amplios sectores de la población enraizados en las tradiciones de las familias chetumaleñas, tiene carisma, trayectoria político-administrativa y una estructura natural que seguramente simpatiza con López pero se manifestaría a través del partido pentecostal.

El “peje-voto” pudiera dividirse en el municipio capitalino como en ningún otro, en donde los candidatos del PES son repudiados, débiles o incluso desconocidos. El intríngulis se complica por una razón inusual: la candidata priista María Hadad Castillo, al igual que los mencionados, pertenece a una familia muy tradicional y extendida en Chetumal; tiene muchas simpatías por su triple condición de mujer, madre y joven, y está dispuesta a demostrar que las legendarias estructuras territoriales y electorales de su partido siguen siendo de temer, como en los viejos tiempos.

No debemos olvidar que el oficialismo está representado en la coalición Por Quintana Roo al Frente y en particular el candidato a alcalde Fernando Zelaya Espinoza, exdiputado del PAN, desde el inicio de las campañas se ha mostrado como el candidato a vencer, pues aparte de sus innegables cualidades personales porta aún el factor positivo de ser correligionario político del gobernador Carlos Joaquín González y el expresidente municipal Luis Torres Llanes –hoy candidato a diputado federal en el sureño Distrito 02–, que lograron en un todavía no muy lejano 2016 derrotar al hasta entonces invicto PRI y en particular a los postulantes del repudiado Roberto Borge Angulo, hoy bajo proceso en una cárcel del estado de Morelos.

La perspectiva que se está configurando en este último mes de campañas es un sólido voto por la coalición PAN-PRD-MC representada por Fernando Zelaya, un par de partidos que se disputarán los sufragios derivados del poderoso “efecto AMLO” y un PRI que, ahora fortalecido por la rebeldía de los taxistas por el tema Uber, tratará de llevarse una tajada de ese pastel lopezobradorcista.