Andrés Manuel López Obrador, que con el mismo nombre de la coalición que lo postula a la presidencia de México ha dicho claramente que busca hacer historia: encabezar una especie de refundación de México, la cuarta desde la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana. No está planteando objetivos concretos ni mucho menos modestos, sino transformar a la república.

A siete días –tres de los cuales serán de cierre de campañas, otros tres de reflexión silenciosa y uno, el domingo, de votación propiamente dicha– podemos registrar varias discretas retractaciones del candidato de Juntos Haremos historia, como por ejemplo que la cancelación del Nuevo Aeropuerto de México no será definitiva –es decir: no sucederá–, y el tiempo evidentemente ya no alcanza para que sus seguidores le pidan cuentas. Transcurrirán los comicios, después de los festejos la gente empezará a decepcionarse y a verse entonces el verdadero gobierno de Morena y sus adláteres: el tamaño de la decepción será proporcional a la distancia entre las hipérboles de campaña y las posibilidades reales de cumplir, como sucede con todas las campañas político-electorales, de derecha, centro e izquierda.

En la presentación el jueves pasado en Cancún del magnífico estudio El México que queremos. Agenda política de inspiración ciudadana, que habla de ilusiones rotas, ciudadanización y minorías marginadas de esa propia agenda –muy bien conectadas con la agenda local, por lo que llevamos leído– pero de validez nacional, el historiador y analista político José Antonio Crespo Mendoza hizo énfasis en eso que ya venía analizando desde su último libro, 2018: ¿AMLO presidente?, donde hace una reflexión, análisis y evaluación de la peculiar visión del político sobre la problemática nacional, su diagnóstico en diversos temas y las soluciones que propone en sus escritos, conferencias, mítines y declaraciones a los medios: nos dijo que prácticamente nada va a ser posible de cumplir.

En el Quintana Roo de hoy día lo entendemos muy bien: para derrocar al régimen priista el actual gobernador Carlos Joaquín González tuvo que comprometerse a hacer justicia contra los corruptos del régimen y regímenes precedentes, lo que al calor del mitin la población entendió como algo más inmediato de lo que en realidad podía ser, a restituir la riqueza estatal a la voz de ya y a mejorar la economía del estado más rápido de lo que la realidad de hecho ha permitido.

A la poderosa ola de López Obrador, que algunos todavía creen que se desinflará en las próximas horas, al manifestarse los indecisos, los del voto embozado y los del sufragio útil, que hasta hoy nadie ha definido cuál sería, se podrán montar todos los candidatos del Morena, el PES y uno que otro despistado del PT, pero solo vemos bien parada sobre su tabla a María Elena Hermelinda “Mara” Lezama en Cancún. Cualquier otro está haciendo malabares y todos se tiran del calzón para derribar a los adversarios.

Que la decepción no les preocupe. Esa viene después.