Con todo y que es una reliquia de la política, –lo dijimos por aquí–, estilo Tabasco, ya le consultan como gobernador alterno a Arturo Abreu Marín. Muy generoso, el procónsul de Andrés Manuel López Obrador, ya les dijo a los partidos políticos locales de Quintana Roo que “no hay tos”, que todos serán escuchados y tomados en cuenta por el gobierno federal. Si fuese cierto, tendría su lado bueno la nota.

No podemos perder de vista que en las dos cámaras legislativas el presidente electo ya aseguró un predominio total porque, a pesar de que la ley electoral vigente prohíbe la sobrerrepresentación, ésta se dará de facto con toda claridad, mas el electo sigue manteniendo su discurso republicano pese a nombrar capitanes generales para suplantar a los delegados de las dependencias federales.

Habrá que esperar. El antiquísimo delegado de Banobras en todos los estados del Sureste por lo menos sabe mucho del tema de las provincias. Desde los tiempos del territorio federal ya despachaba en Chetumal –y lo hizo en todas las capitales del sureste, de Veracruz a Chiapas, de Tabasco a Campeche y en Quintana Roo, pasando por Yucatán, para los proyectos que tuvieran que ver con el desarrollo y su financiamiento–. Está muy enterado.

¿Cuál es el tema más importante? Pues el dinero. Abreu ponía la palomita o el tache a los grandes proyectos de financiamiento de origen federal. Era el bueno, al que había que convencer. La verdad es que sí dio muchos proyectos importantes para Quintana Roo, pero de eso nadie se acuerda.

Por lo menos en nuestro estado, el señor Abreu conoce los más añejos entresijos del poder. Trató con todos los gobernadores de la historia del estado libre y soberano, negoció con cada poder constitucional o fáctico y le hizo “aquimichú” a todos los proyectos que nos detonaron. Nos hemos quejado de la figura metaconstitucional, pero en su conocimiento regional vemos un nicho de oportunidad para el gobernador Carlos Joaquín González, que tuvo el tino de no intervenir en las elecciones locales y federales del 1 de julio.

López Obrador está sintiendo el peso republicano, y eso está bien. El tema del aeropuerto de la Ciudad de México ya no fue rebotado como en el discurso de campaña: se va a consulta y al parecer será una inquisición entre expertos. Va prevaleciendo la razón.

Homúnculos

Algo queda por ahí, al parecer. La verdad es que el dirigente perredista estatal Jorge Aguilar Osorio, amén de la canción de la mea culpa de la derrota electoral, se ha visto políticamente decente de cabo a rabo. El PRD no tuvo nada que hacer: el efecto López Obrador acaparó a la izquierda nacional y ya todo estaba perdido para el Sol Azteca.

Mas el líder perredista estatal tuvo la entereza de reconocerlo: para él la aventura electoral del PRD fue un fracaso, y lo ha dicho a voz en cuello. Tenemos la impresión de un político honesto que arroja la máscara para decir la verdad,.

Claro que sin conocimiento de las leyes electorales algunos lanzaron la especie de que el PRD perdía su registro a nivel nacional, y ahora sabemos que eso no fue cierto, pero el decaimiento de los favores ciudadanos para el partido que surgió de la fusión del PSUM con otras fuerzas de izquierda en los años 80 es una realidad. Hay ataques. Hay inquina.

Aguilar Osorio es un tipo con valor. Nos parece muy decente su renuncia a la directiva del PRD luego de catastróficos resultados.