No he conocido a nadie hasta hoy que crea que paga muy poco por energía eléctrica o que lo reconozca públicamente. Todos invariablemente “sienten” que lo que pagan es mucho, debido a que proporcionalmente el costo de la electricidad tiene un peso porcentual que es “sensible” dentro de la estructura de gastos de una familia o de los costos de una empresa.

Hasta antes de la reforma energética, se percibía como un asunto ante el cual no cabía hacer nada más que resignarse. Al ser una sola la compañía generadora y suministradora de electricidad en todo el país, sin competencia, con tarifas reguladas, aunque nos pareciera elevado el costo, no teníamos otro remedio que pagar si queríamos conservar el servicio activo. Aún hoy hay quienes siguen pensando de esa manera, pero es debido a que ignoran las posibilidades que ahora tenemos de generar, almacenar y gestionar de muy diversas maneras la energía que demandamos para darnos un mejor nivel de vida o para producir bienes y servicios.

Por lo anterior, la energía eléctrica no se consideraba estratégica dentro de los planes familiares o en la administración de una empresa de cualquier tamaño. Quizá lo único que podía hacerse al respecto era intentar una utilización más eficiente de dicho recurso, que impactara en cierta medida sobre la cantidad de kilowatts hora consumidos, pero no podía hacerse nada en cuanto al precio, o a la elección de un proveedor distinto.

La electricidad ha adquirido el carácter de elemento vital para nuestra sociedad, cada vez demandamos más cantidad de ella para la satisfacción de nuestras necesidades cotidianas, y esta necesidad irá en aumento acelerado en los próximos años. Y como ahora sí podemos tomar varias decisiones al respecto, y su peso específico será cada vez más destacado tanto en el gasto del hogar como en los procesos y actividades de los sectores productivos, entonces podemos afirmar que se ha convertido en un factor estratégico que tiene un impacto directo en la productividad y competitividad.

Hoy las familias pueden decidir generar su propia energía en la azotea de sus hogares mediante un sistema fotovoltaico, lo mismo pueden hacer los comercios, oficinas e industrias. Algunos grandes consumidores pueden optar por el mercado mayorista al crearse las figuras de usuario y suministrador calificados, que amplían las alternativas de los consumidores al contratar el suministro de energía eléctrica.

El principal motivador que tiene un usuario para explorar nuevas formas de suministro eléctrico lo constituye la reducción de costos, y en eso ya son muy efectivos y rentables los paneles solares, pero además van en aumento quienes persiguen metas voluntarias de energía limpia, reducción de huella de carbono, o de incremento de una buena reputación como empresa social y ambientalmente responsable.

La electricidad hoy ya es estratégica, y así hay que tratar su generación, utilización y gestión integral