Eva Murillo/ SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Su nombre va acorde a su valentía ante la vida desde que estaba en el vientre de su mamá; la pequeña no sabe que le restan tres meses para compartir todos los días con quien la trajo al mundo, el plazo para que permanezca en la cárcel y salga al mundo real está por concluir.

Anunció su llegada al mundo justo en medio de una requisa, no cumplía los nueve meses de gestación pero el momento de dar a luz llegó en el patio central, por lo que su mamá fue llevada a un hospital para su nacimiento.

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Su peso fue kilo y medio, su cuerpo se asemejaba al de una de sus muñecas de trapo, pero se aferró a vivir y llegó a la celda que desde hace tres años ocupa su mamá, a cambiar la rutina de siete mujeres que viven en ese pequeño espacio.

Su peso fue kilo y medio, su cuerpo se asemejaba al de una de sus muñecas de trapo, pero se aferró a vivir...

No estaba en los planes de su mamá, pero ahora es una bendición para ella. Fue hasta los cinco meses cuando se manifestó como un pequeño bultito en el costado del abdomen de su madre, semanas después se movió, lo que confundió a la reclusa y pidió una revisión médica.

“Las dos rayas rosas de la prueba de embarazo se llenaron por completo, tras eso me llevaron al hospital, ese mismo día me dijeron que tenía cinco meses, que era niña y que apenas alcanzaba el medio kilo de peso”, recordó.

La niña cambió la vida de las mujeres que comparten la celda con su mamá, cuatro de ellas tienen hijos, uno de estos nacido también en el penal, así que los consejos sobre la manera de llevar la situación no faltaron.

Pero la despedida está muy cerca, pronto la celda quedará sin juguetes, pañales, ropa de bebé, risas, juegos y canciones infantiles. Una amiga de su mamá la cuidará.