Claudia Olavarría/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- El pionero y constructor de Cancún Rafael Lara Lara, durante un vuelo vía Mérida-Ciudad de México fue contactado por Manuel Morales Zacarías, director técnico del Fondo de Infraestructura Turística (Infratur) hoy Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), para trabajar en Ixtapa, Zihuatanejo, Guerrero pero su destino era Cancún.

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El 22 de junio de 1970 Lara Lara llegó a Isla Mujeres y ese mismo tuvo el privilegio de sobrevolar lo que hoy es Cancún , imágenes que jamás saldrán de su cabeza y de las que no hay palabras para describir la belleza del lugar, elegido para desarrollarse profesionalmente y sobre todo formar a su familia, lo único que había, era la casa del señor Lima en lo que hoy es el parque Kabah, Puerto Juárez, e isla Cancún.

“Nací en Hopelchén, Campeche, hace muchísimos años, en ese tiempo en mi pueblo tendría sí a caso mil habitantes, y la educación escolar llegaba hasta el cuarto año de primaria en la única escuela del pueblo “18 de marzo”, continué mis estudios hasta terminar la carrera de ingeniero civil en la ciudad de Mérida, alojado en la casa de mi hermana”.

(Foto: Israel Leal/SIPSE).

Una vez que concluyó la licenciatura aprobó para una beca en la División de Doctorado de la Universidad Autónoma Nacional de México (Unam), para el primer curso de especialidades de vías terrestres que se hizo en la República, para ingenieros civiles o pasantes.

La estancia de Lara Lara fue poco más de un año en la Unam, de 25 que ingresaron solo 17 concluyeron y fue contratado por la Secretaría de Obras Públicas para trabajar en vías terrestres en la División de Puentes.

El camino hacía Cancún lo inició en su natal Campeche, hacia Mérida para luego trasladarse a la capital del País y de ahí durante 10 años desde 1960 trabajó de puente en puente en Guerrero, Oaxaca y Jalisco, una fase que disfruto en lo profesional sobre todo en la cimentación de los puentes.

En 1964 contrajo matrimonio, su primera hija nació en 1968, y cuando estaba asignado como residente de obra en Tomatlán, Jalisco, en 1969 su esposa esperaba a su segundo bebé y aprovechó un diciembre para que ella se quedara en Mérida, y él viajaba cada mes a ver a su familia.

En uno de esos viajes se puede decir que fue el último antes de irse hacia Tomatlán, tenía que hace escala en la Ciudad de México para hablar con sus jefes, el tiempo del vuelo lo aprovechaba para trabajar en las obras.

“De Mérida a México conocí a Morales Zacarías, él me preguntó que qué hacía, porque aproveché el tiempo para trabajar, le respondía, pero él me hizo una especie de interrogatorio y me dijo que trabajaba en un lugar que se llamaba Cancún, -Por lo que veo estás puesto, si quieres trabajar con nosotros debes de pasar unas pruebas-, dije que sí, me ofrecían un sueldo de ocho mil pesos libres de polvo y paja, con alimentos y casa, no me garantizaba Cancún, porque me quería para Ixtapa”, recordó entre sonrisas. 

El destino hizo una jugada maestra, y las personas contempladas por Infratur para el proyecto Cancún, al final de cuentas no fueron contratadas, a Lara Lara le salió la oportunidad de hacer un viaje al Caribe mexicano con Morales Zacarías, llegaron a bordo de un DS3 del Banco de México, el 22 de junio de 1970, un día de los más soleados, claros y sin nubes, que les permitió sobrevolar lo que hoy es Cancún, aunque el aterrizaje fue en Isla Mujeres.

En esa época solo estaba Isla Cancún, y Puerto Juárez, que era el punto para la llegada de turismo de Mérida hacia Isla Mujeres, y el cruce se hacía en los barcos de la familia Magaña como “La Carmita”.

En el mismo viaje en pláticas con el constructor de la empresa Consorcio Caribe, ellos me contrataban para hacer los preliminares como son el inicio de brechas para llegar a Punta Cancún, el puente de madera provisional para unir isla Cancún, con el continente e iniciar una aeropista y lo que es ahora el bulevar Kukulcán.

“Como había ciertos problemillas por resolver, se decidió que me quedara provisionalmente, porque la idea era que llegará el jefazo, así fue como me integré a Infratur, fui de los primeros empleados, en ese tiempo vivía en el campamento que tenía Consorcio Caribe, que era un galerón de lámina por donde está ahora la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en la López Portillo, por la rehoyada; y había una casa de concreto que era usada como oficina, que había sido un proyecto de una mini congeladora que fracasó, ahí estuve mientras se hacía el campamento en forma”, indicó.

Rafael Lara recuerda que todas las mañanas salía en compañía de señor Enrique Arce, el superintendente de Consorcio Caribe, y una de las manos derecha del Ingeniero García La Torre, o con el ingeniero Daniel Ortiz, con quienes se revisaban las brechas que se iban haciendo, el puente de madera, ubicación de bancos de madera para rellenos, la topografía de lo que sería la aeropista, y recibiendo dato topográficos de todas las empresas que laboraban aquí con datos de la laguna, y otros lugares.

(Foto: Israel Leal/SIPSE).

Todos los días Lara Lara hacía una llamada a su jefe quien estaba en la Ciudad de México, para informarle todo lo concerniente a la construcción de Cancún, charla que duraba una hora, y para ello tenía que desplazarse hasta Leona Vicario, donde estaba el único teléfono de la zona.

“El trabajar aquí fue una cosa maravillosa para mí y la familia, porque por vez primera trabajaba en la Península de Yucatán y podía viajar a visitar a mis papas, para mí fue la oportunidad de mi vida”, rememoró.

Con Infratur trabajó seis años, luego ya como Fonatur, quedó como gerente de ingeniería, me tocó no solamente supervisar, sino aprender mucho, porque de trabajar de ayudante de ingeniería en Mérida con cimentaciones e casitas y luego puentes; se inmiscuyó la construcción de pozos para abastecer de agua, drenaje, electricidad y todo lo que hubo que traer desde Tizimín, sin contar todo lo de la zona hotelera.

Años después llegó se construyó una casa con dos recamaras, sala, comedor y cocina y para él fue lo mejor porque antes había vivido como caminero (galerones) en la edificación de puentes.

A la política no entras te metes y no te sales te sacan”.

Con el cambio de gobierno, Fonatur lo trasladaba a Baja California, pero él decidió quedarse en Cancún, porque en 1976 ya había gente que le veía futuro al destino y me quede, primero haciendo casitas, bardas, condominios, hoteles y demás, por lo que prácticamente aquí realizó su maestría y doctorado, porque los especialistas llegaban y presentaban el trabajo peor él y su gente eran quienes ejecutaban las cosas.