Debido a la falta de interés de los electores para analizar a más profundidad los temas políticos, además de estar decepcionados de los partidos así como por la calidad de información que se difunde masivamente, la gran mayoría de la población estará votando en el 2018 para castigar a algún partido y no para buscar una mejoría, lo cual es un error grave que nos llevará a mantener las situaciones actuales e inclusive a empeorarlas, sobre todo cuando vemos que entre los políticos no existe lealtad, hablando de sus ideologías partidarias, es decir, en esta elección estaremos viendo a muchos priistas siendo morenistas, morenistas castigando a su partido por colocar a gente externa de candidatos; en el PRD y PAN pasa lo mismo, en fin, en esta elección el único ganador será el enojo y la frustración de los militantes por ver a personajes que solo cambian de piel para continuar en el poder.

Pero empecemos por definir que un político es una persona vinculada a la administración pública, afiliada a un partido político o a una asociación que desarrolle actividad partidaria, y esté es nombrado para tareas asociadas a organismos, asociaciones o instituciones públicas. Hace algún tiempo, los ciudadanos votaban por un candidato porque se sentían identificados con la ideología del partido o del candidato, en la actualidad, ¿cómo podemos hablar de una ideología del PRI, Morena, PT, Verde PAN o PRD, cuando estos se unen y forman coaliciones?, cuando sus máximos representantes andan como chapulines brincando de un partido a otro, cuando el pueblo ve a la clase política como un enmarañado de corrupción. 

Los partidos están buscando mantener su registro, tener una diputación, seguir e incrementar sus militantes con estas dos “estrategias”, la de optar por personalidades y la de formar coaliciones. Sin embargo, el brincar de un partido a otro –costumbre que nunca antes se había visto como ahora en el medio político– tiene una explicación: La descomposición interna de los partidos los ha hecho perder su ideología y esto provoca que los militantes de cualquier filiación política no sientan el menor remordimiento al pasarse de la derecha a la izquierda o al centro. 

Y en los partidos, los grupos dirigentes al designar candidatos a cualquier puesto de elección popular privilegian el nombramiento de familiares, amigos, figuras destacadas con fama pública, etc., aunque carezcan de formación política, de vocación social o de conocimiento de los problemas del municipio en el que viven, del estado o del país, y eso enoja a quienes han tenido militancia partidista, han trabajado en los diferentes órganos del gobierno o han tenido alguna actividad relacionada con la vida social y política de su entorno. 

En estos días podremos ver, como una gran cantidad de candidatos, hablarán de temas que le son ajenos y muchas veces contrarios a su ideología partidista de origen. Por ejemplo la Coalición Unidos por México, El Frente, postuló al derechista del PAN Ricardo Anaya, quien defenderá la ideología contraria; la izquierda del PRD y la ideología de centro izquierda del Movimiento Ciudadano. José Antonio Meade, un “ciudadano” que trabajó en una administración del PAN, de derecha, luego en una del PRI, de derecha y ahora representa los intereses del Partido Nueva Alianza de una ideología de centro.