Jazmín Ramos/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Desde la clásica limpia para alejar las malas vibras, el amarre para atrapar al ser amado y hasta sacrificios de animales que rompen con toda clase de brujerías sustentan el mercado de la superstición en México y en Quintana Roo ésta clase de negocios han proliferado; en donde ofrecen experiencias y soluciones mágicas.

A nivel nacional, según la Encuesta sobre la Percepción Pública y la Tecnología en México (Enpecyt) existen aproximadamente 30 mil santeros, curanderos, brujos, chamanes y adivinadores, a ese sector pertenece Efrén Osorio Alejandro, un santero originario de Tabasco que desde hace 15 años radica en Cancún, quien asegura tener el don de la adivinanza y de curar los males espirituales.

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Entre otra de sus habilidades Osorio Alejandro también puede leer las cartas, crear amuletos de la buena fortuna y el amor; servicios que son de los más solicitados en el mercado de la superstición, el cual genera ganancias millonarias, ya que los datos del Enpecyt refieren que los mexicanos creen más en la fe, la magia y la brujería que en la ciencia.

Incluso las estadística indican que 8 de cada diez mexicanos son supersticiosos y que al menos han tenido una experiencia para evitar la mala fortuna.

Ante ello Osorio Alejandro, comentó que es más común de lo que se cree que las personas acudan con algún santero o brujo para pedir ayuda, aunque admitió que por esa necesidad espiritual de la vida cotidiana pueden caer en manos de charlatanes.

El ser humano es energía la cual no se rige por cuestiones morales y cuestiones físicas por lo tanto no es buena ni mala.

“Los dones de la adivinanza, del contacto con los espíritus y la habilidades para predecir el futuro son regalos de Dios por lo tanto no debe lucrarse con ellos; cuando ayudamos a alguien se tiene que hacer de buena fe y será voluntad de la persona que recibió los beneficios quien determinará la forma de agradecerlo”.

Osorio Alejandro, recuerda que desde niño tenía ciertas visiones y sueños premonitorios a los cuales no les daba ninguna interpretación hasta que encontró la guía espiritual, otro santero que le enseñó a descubrir su potencial y entender que era un persona favorecida por dones que Dios le dio”.

Pero en el mercado de la superstición más allá de ofrecer ayuda espiritual existen otros personajes que han hecho fortunas aprovechándose de quienes tienen la necesidad de buscar apoyo para encontrar una explicación a los problemas que los aquejan.

Es más, hay quienes han ganado tanta popularidad que tienen programas de televisión y radio e incluso aprovechan la plataformas digitales para ofrecer sus servicios.

Tras un recorrido por los mercado 23 y 28, así como tianguis que se instalan en colonias populares de Cancún, se encontró toda clase de locales que ofrecen servicios espirituales, lectura de cartas, limpias con hierbas o con huevos, ritos con palo de Mayombe e incluso sacrificios de animales generalmente aves.

Los precios por estos servicios varían: una lectura de cartas oscila entre los 200 a 250 pesos, un amarre puede costar entre mil a mil 500 pesos dependiendo de que tan difícil considere el brujo o el santero que sea abrir el camino, mientras que los trabajos que implican magia negra o sacrificios  pueden alcanzar hasta los 30 mil pesos.

Al respecto Osorio Alejandro, consideró que los mercenarios de la fe generalmente son charlatanes, ya que un verdadero santero ofrece los servicios sin esperar fortuna.

Para complementar el trabajo de estos personajes que ofrecen la cura de las quejas espirituales, emocionales y económicas, existe toda una industria que elabora productos como lociones, cremas, jabones, polvos mágicos, veladoras, inciensos, aceites ungidos, amuletos, tés de diferentes hierbas medicinales  y hasta libros de hechizos o rezos.

Estos artículos se venden sin ninguna clase de regulación en los locales del ocultismo a pesar de que hay productos de los que se desconoce su contenido y que incluso son ingeridos por quienes buscan terminar con sus problemas orillados por el fanatismo y la ignorancia.

Qué dice la ciencia

La cultura de los mexicanos ha estado ligada a la magia, la religión y toda clase de creencias relacionadas con la vida y la muerte desde la época prehispánica, ejemplo de ello es la cultura Olmeca y sus creencias en los seres sobrenaturales; o los rituales de veneración a Tonantzin, la diosa de la tierra.

Tras la conquista  se combinaron con la veneración de los santos católicos dando cabida a un conglomerado ideológico en el que la brujería es vista como un sistema de creencias que tiene incluso reglas que lo rigen y donde la raíz africana tiene una gran influencia a través de la santería.

Según el sociólogo Sergio Ocampo Campos, este tipo de creencias o supersticiones tienen que ver con el ser humano primitivo, ya que al no poder dar una explicación racional  de las cosas y al no poder entender la naturaleza  los fenómenos naturales,  empiezan a crear conjeturas que les vamos  a llamar imaginarios sociales.

Solo el 40 por ciento de los mexicano afirma que algunas personas poseen poderes síquicos, de ahí el éxito que ha tenido la industria de la brujería.

“Estos imaginarios sociales no son más que explicaciones intersubjetivas y subjetivas precisamente de cosas que no comprende el hombre”.

Explicó que el pensamiento del hombre ha ido cambiando de acuerdo a su desarrollo histórico, ejemplo de ello es el hombre de  la cavernas quien al no poder entender lo que sucedía entonces comenzó a crear Dioses y a dar explicaciones de la realidad a partir de  supersticiones y creencias totalmente  subjetivas.

“Cuando llegamos al pensamiento griego, se rescata la razón, tiene un impacto importante en el hombre porque entonces empieza a dar explicaciones a partir de la naturaleza misma”.

No obstante con el nacimiento del cristianismo  y todo  lo que se denomina edad media,  nuevamente volvemos a caer en un abismo del conocimiento porque entonces lo que va a prevalecer ahí en la explicaciones de las cosas es la fe.

 “La ciencia se volvió para muchos en una visión totalmente ortodoxa de explicar la realidad y claro que la ciencia no es eso, la ciencia es viable, verificable u observable por lo tanto esta en proceso de cambio y transformación que al toparse con fenómenos inexplicable retrocede a una cuestión de fe”.

Ocampo Campos, refirió que históricamente el hombre necesita de la fe,  la cuestión es que aquí existen dos tipos de fe: la fe que tiene que ver con el abandono del yo para con lo inexistente, en este caso es un Dios creador o algo intangible que no se entiende ni se explica, pero es una forma de depositar ahí la esperanza.

“La otra fe, es la fe de la creencia en uno mismo y esa fe implica más responsabilidad, entonces se es más consiente de cómo se actúa, de cómo se responde a los problemas cotidianos basados en el marco de referencia, al nivel educativo y a las propias experiencias”.

Sin embargo tomando la referencia de la ciencia entorno a los fenómenos que aparentemente no tienen explicación, surgen toda clase de supersticiones, sin tomar en cuenta que el ser humano usa máxime el 15 o el 20 por ciento de su capacidad cerebral y hay postulados que dice que si se lograr usar el 100% se pueden generar cosas que ni si quiera están en el imaginario colectivo.