Recientemente, Brian Chesky, cofundador, director y líder de Comunidad Airbnb, envió un  mensaje en el que compartió la anécdota por la que nace el primer Air Bed & Breakfast: En ese entonces él y su compañero Joe Gebbian no tenían dinero para la renta, así que invitaron “a tres completos desconocidos”, a quedarse en su casa. Lógicamente muchos le dijeron que esa idea nunca funcionaría porque “las personas no confiamos en quienes no conocemos”…

Hoy, diez años después, han llegado huéspedes a un Airbnb casi 300 millones de veces.

Brian, que asegura que antes de Airbnb jamás pensó que tendría una empresa, escribió unas líneas que vale la pena rescatar: “Airbnb es una empresa joven, el cemento sigue fresco. Hemos crecido a una escala tal que cualquier cosa es posible, no hemos llegado al punto en el que un cambio resulte impensable. Todavía podemos ser radicales, y la posibilidad de lograrlo llega en el momento perfecto. La gente vive, cada vez más, en burbujas digitales; la confianza en las instituciones nunca había estado tan baja y las empresas se están dando cuenta de que su responsabilidad frente a la sociedad es más grande de lo que pensaban. Las empresas tienen la responsabilidad de mejorar a la sociedad, y los problemas que Airbnb podría ayudar a resolver son tantos que es necesario que operemos pensando en un futuro todavía más lejano.”

He ahí el pensamiento moderno de un empresario que se asume más como un emprendedor creativo, o un emprendedor accidental como le llaman muchos. Su modelo de negocio es hoy una realidad que a muchos disgusta y que para otros es un verdadero aliciente.  Si no, observemos lo que sucederá en Barcelona, donde con motivo del Mobile World Congress, se estima que más de 30 mil personas se alojarán vía Airbnb.  Ya está sucediendo en Cancún y cada vez más los congresos y convenciones en nuestro estado traerán a desconocidos a alojarse en un mar de hospitalidad tan profundo y prometedor como es el Caribe Mexicano.