Claudia Olavarría/SIPSE
CANCÚN, Quintana Roo.- En agosto de 1975 llegó a Cancún Ricardo Horacio Lujambio González, un joven con muchos sueños y toda la energía para aprovechar la oportunidad que la vida le había dado, para desarrollarse profesionalmente.

A mediados de la década de los años 60, la Federación creó el fondo para la Promoción de la Infraestructura Turística (Infratur) para analizar y consolidar el crecimiento de destinos turísticos, así como dar créditos a largo plazo para la construcción de nuevos hoteles y desarrollar nuevos destinos turísticos; luego de unos años, en 1975 hay una transición en el que desapareció este organismo y surgió en su lugar el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur).

También te puede interesar: Julio César Lara forjó los cimientos del paraíso

Previo a ese cambio, Lujambio González estaba como pasante en la Universidad Nacional Autónoma de México, cuando un amigo le dijo a él y a otros que los invitaban a ir a Cancún a reforzar el departamento de ingeniería y arquitectura, y decidió llegar en el momento de la transición, lo que le permitió conocer un Cancún virgen y en pleno desarrollo, donde él y otros profesionistas, apoyados de trabajadores de la construcción, dieron vida a un lugar al que hoy considera su hogar y por ello defiende la ecología local.

"Vi la oportunidad de independizarme, mis estudios estaban concluidos y sólo me faltaba presentar la tesis para recibirme".

“De los que estábamos ahí, algunos ya trabajaban, otros se querían casar y otros teníamos novia, en mi caso vi la oportunidad de independizarme, mis estudios estaban concluidos y sólo me faltaba presentar la tesis para recibirme; del grupo nos venimos seis, bajo las órdenes del ingeniero Rafael Lara Lara, pero al final, sólo dos nos quedamos aquí, Gonzalo Fernández Espejo y un servidor”, recordó el entrevistado.

Fuerza al proyecto Cancún

Dentro del departamento había subjefes y a él le tocó trabajar con el arquitecto Alejandro Rancaño, a cargo de sus proyectos.

Lujambio González fue uno de los profesionistas que conoció y reforzó sus conocimientos en el proyecto Cancún, tuvo contacto con Miguel Valverde y el departamento de paisaje responsable del diseño de la ciclopista de la zona hotelera y el original Parque las Palapas, para su gusto fueron de las primeras cosas bonitas que hizo Fonatur.

Después de Fonatur fue contratado en la constructora de Rancaño, de ahí paso a Ritco, para luego independizarse en 1983, pudo fundar su constructora, pero esta quebró por una crisis económica que elevó precios de materiales.

"Fue proyectada una ciudad para zona hotelera y empleados fijos,
pero no para los eventuales". (Ivett Ycos/SIPSE)

El venir a Cancún le permitió desarrollarse profesionalmente, sobre todo porque su futuro en la Ciudad de México era ser empleado y permanecer largas horas tras un escritorio diseñando como ha pasado con muchos colegas arquitectos, aunado a que antes, la carrera era muy elitista y los servicios eran para construcciones de zonas con alto poder adquisitivo, pero no resolvían las necesidades de México.

La educación básica la recibió en escuelas privadas, pero sus estudios universitarios los hizo en una pública, donde formó parte del movimiento del Autogobierno del cambio de plan de estudios, eso le despertó la conciencia social, por ello, cuando llegó a Fonatur lo primero que vio fue una ciudad ordenada, que se convirtió en una no muy bien proyectada por la cantidad de personas que comenzaron a llegar para vivir aquí, porque no vislumbraron que la mano de obra (albañiles y afanadoras de la época) decidieron radicar en la ciudad.

“Fue proyectada una ciudad para zona hotelera y empleados fijos, pero no para los eventuales”, recordó el entrevistado.

El primer cuadro de la ciudad fue planeado para unos 200 o 300 mil habitantes, no más y con la mitad de los cuartos que hoy se tienen.

Pérdida de control

Para el entrevistado, mientras Fonatur estaba a cargo de Cancún había un control, pero los planes se salieron de las manos una vez que el gobierno local se hizo cargo del desarrollo urbano, como el cumplimiento de “caprichos a cambio de cuotas del poder”, como los cambios de uso de suelo, sin tomar en cuenta las consecuencias a futuro.

La conciencia social se me avivó aquí en Cancún y he participado en muchas organizaciones que son para beneficio de la sociedad, algunas prosperaron y se mantienen en operación hasta la fecha y otras no”, explicó.

Participó en la creación del Instituto Cancún La Salle, colegio que les hizo un reconocimiento y está su nombre y el de otros en una placa en la escuela.