Eva Murillo/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Hace 25 años, el tianguis de la Región 100 inició con 14 puestos, hoy agrupa a casi tres mil comerciantes, entre ellos a doña Dulce María y su esposo Roberto Olguín, ellos hallaron en la venta de chácharas una manera de ganarse la vida y ahora sus nietos aprenden el arte de negociar con los artículos que están en buen estado, pero que a ellos ya no les son útiles. Los señores están de visita en este destino, son originarios de la Ciudad de México, pero mientras están no dejan de trabajar.

“Aquí mismo conseguimos lo que vendemos, algunas cositas las traemos desde México, allá también chachareamos”, dijo doña Dulce.

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Ríos de personas se mezclan en las calles que cada domingo son ocupadas por cientos de puestos, algunas de ellas van a ver qué encuentran, no llevan un objetivo de compra definido, otros salen con bolsas de ropa, comida, artículos de cocina, adornos y herramientas.

“En serio, aquí puedes hallar de todo, desde el tornillo más insignificante hasta todo lo necesario para amueblar tu casa, solo hay que venir con tiempo y tener mirada de águila para detectar las oportunidades”, señaló don Armando, vendedor de cosas antiguas.

Caminar a prisa no se puede, la acumulación de personas dificulta moverse con rapidez, los minutos pasan sin darse cuenta, la atención está centrada en los puestos, en las pequeñas o grandes cosas estratégicamente acomodadas sobre una tabla o sobre una tela puesta en el piso. Todo llama la atención, incluso hasta puede recuperarse la memoria, pues hay quienes descubren artículos que habían olvidado que necesitan.

Ahí está el negocio de doña Dulce y don Roberto, en el piso que queda libre entre dos puestos de ropa, se trata de una tela extendida sobre la que muñecos, la mayor parte de ellos miniatura, están en espera de que un niño los descubra y convenza a su mamá de llevarlo a casa.

“Nos gusta chacharear, de eso hemos obtenido dinero desde 1980, cuando la urgencia económica nos orilló a juntar todos los juguetes de nuestros hijos y en familia, fuéramos por primera vez a un tianguis a vender lo que teníamos para obtener algo de dinero”, recordó entre risas el matrimonio.

Al inicio de la plática se acercaron Emanuel y Elías, nietos de los comerciantes, querían ver si sus cosas ya habían salido, pues aprovecharon para acomodar entre la mercancía algunas de las cosas que ya no usan.

Doña Dulce y don Roberto están de visita en Cancún, pasarán aquí tres meses, pero eso no significa dejar de trabajar, por eso llevan su puesto a cuatro de los 47 tianguis que se instalan a la semana en Cancún.

Ellos viven en la Ciudad de México, allá también son chachareros, conocen muy bien el arte de negociar, de convencer que el precio dado es el mejor que el cliente va a hallar, pero antes se aseguran de que la mercancía que ofrecen, aunque sea usada, esté en buen estado.

Nuestros abuelos nos enseñaron a vender, nos gusta este oficio”, dijeron los menores quienes reconocieron que acompañarlos a poner el puesto les permite estar junto a ellos y además ganar dinero.