Hace una semana la secretaria estatal del Trabajo, Catalina Portillo Navarro, anunciaba la oferta de unas 10 mil plazas laborales en Quintana Roo mediante Ferias de Empleo, las cuales destacan por la rápida contratación, que agiliza el reclutamiento y otras medidas que tradicionalmente se dificultan en la dinámica.

El mes pasado las autoridades ya habían anunciado que el estado es líder en la generación de nuevos puestos formales, con una variación de 10.9% durante septiembre comparado con el mismo periodo del año pasado. Una posición envidiable para muchos, si se considera que la población económicamente activa es de 809 mil, de los cuales 787 mil tienen trabajo.

Enseguida los líderes de la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México colocaron un “pero”: “Es necesario que todos estén en la formalidad. Falta mucho por hacer”. Cabe mencionar que del total empleado, 585 mil son asalariados; 136 mil por su cuenta; 37 mil son empleadores, y 27 mil no reciben pago. Son cifras redondeadas.

Esta óptima condición de la entidad contrasta con la del ámbito nacional, donde si bien hay mayor empleo, las condiciones son precarias. Su calidad es cuestionable. Aunado a ello, hay números que agravan tal situación: la mitad de la población vive en la pobreza y más del 56% de los asalariados son informales.

Es decir, el salario y su poder adquisitivo, la calidad del empleo y las prestaciones son problemas que requerirán de medidas prontas e inteligentes que puedan dar a todos una mejor calidad de vida, en tanto al país un mejor crecimiento.

De esta manera, tanto la informalidad como el salario adecuado y las prestaciones son el gran reto, ya que, por ejemplo, en 2016 el valor de la canasta básica se situó en 218 pesos, pero con un salario mínimo no puede comprarse ni la mitad de la Canasta Alimenticia Recomendable para un hogar de cuatro personas. Es un rezago de años.

A eso se suma una ley polémica: un patrón puede contratar por tres meses a un trabajador y luego despedirlo sin ninguna responsabilidad. Es una forma de tener empleados vulnerables, contratarlos sin ninguna prestación y tranquilamente despedirlos sin pagar liquidación.

Entonces, en Quintana Roo el desafío es vigilar todo el proceso y garantizarlo. Para miles de familias las propinas siguen siendo el sustento, y la voluntad del jefe, el único seguro. Para ser líder ejemplar se debe avanzar en todas las áreas. Sí se puede.

                                                        Desorbitado

“No tenemos el número de elementos suficientes ni de patrullas para abarcar un municipio como Benito Juárez con aproximadamente un millón de habitantes”, lamentó ayer Darwin Puc Acosta, director de la Secretaría de Seguridad Pública, en una conferencia durante la cual se confirmaron los datos publicados en este espacio.

“Hoy (martes) salieron 105 unidades a circular con mil 300 policías (divididos en tres turnos)”. Pero las 105 patrullas cumplen labores para Tránsito, Turística, Preventiva y Auxiliar, por lo que no se les ve en rondines. En ello reside precisamente la percepción negativa: son pocos para una ciudad que crece sin freno, además en un ambiente de violencia, aun cuando las estadísticas reflejan que la inseguridad tiende a la baja.

El jefe policiaco reconoció que son en promedio 10 reportes diarios por robo a comercios, única modalidad que no ha podido reducirse.

Y lo siguiente como contexto en una temática con aristas siempre complejas: tras entregar el paquete de presupuesto al Congreso, el fiscal general Miguel Ángel Pech Cen aseguró que los rezagos en su institución obedecen a un déficit de 52%. Necesitan dinero, pues.

Debe insistirse: falta mucho por hacer.