21 de Mayo de 2018

Chetumal

Se reactiva el cultivo y comercialización de la palma de coco

Durante 25 años esta actividad dejó de ser redituable en la entidad, aseguran productores de la fruta tropical.

Después de 15 años, el tallo del coco puede ser maderable y se emplea para elaborar muebles; la concha puede usarse para artesanías. (Redacción/SIPSE)
Después de 15 años, el tallo del coco puede ser maderable y se emplea para elaborar muebles; la concha puede usarse para artesanías. (Redacción/SIPSE)
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Claudia Martín/SIPSE
CHETUMAL, Q. Roo.- El cultivo y comercialización de la palma de coco y sus derivados está cobrando auge, luego de que por más de 25 años dejó de ser una actividad redituable, coincidieron productores de la fruta tropical.

En 1985, la plaga de amarillamiento letal del cocotero atacó cultivos en Quintana Roo, y causó un impacto desastroso, pues dejó sin trabajo a cientos de familias que dependían del coco. Además la producción en el país de la palma disminuyó drásticamente, ya que la entidad era la séptima en el mundo.

A partir de estudios del Instituto Nacional de Investigación Forestal, Agrícola y Pesquera (Inifap), se dio a conocer que la reproducción de la planta de coco híbrido tiene mayor resistencia a la enfermedad.

“Los cocos se clasifican por gigantes y enanos mejor conocido como amarillos. El coco gigante es especial para la copra y se usó mucho en su oportunidad. El coco amarillo para el agua porque es dulce, pero ambos muy débiles para la plaga. Con ambas se logró la planta del coco híbrido”, mencionó José Elodio Rodela Agüero, representante del Sistema Producto Palma de Coco en el estado.

En la fundación hay 800 productores registrados de ocho ejidos en todo el estado. Tienen una superficie sembrada de tres mil hectáreas, de las cuales 800 están en producción, lo que significa unos 30 mil cocos a la semana.

“Actualmente sólo aprovechamos el agua, y en menor medida la pulpa. La fruta tiene un costo de cinco pesos, el litro de agua está en 20 pesos. Esperamos que el cultivo del coco sea redituable y que las familias puedan vivir del coco otra vez”, indicó.

Dentro de las proyecciones para 2014 está concluir la huerta Madre de Coco Híbrido, la cual se localiza en la comunidad de Luis Echeverría Álvarez.

“El objetivo de la huerta es tener material vegetativo certificado para todos los interesados, el proyecto inició desde hace tres años, se invirtieron 1.5 millones de pesos. Llevamos ocho de 10 hectáreas de plantas de coco híbrido y las que faltan se sembrarán en 2014”, añadió.

Como respuesta al auge que tiene la producción y la demanda del coco, los agricultores buscan recursos por 11 millones de pesos, para poder instalar una planta extractora de agua, una procesadora de carbón activado y una planta para extraer aceite.

Por su parte, Graciela Espinoza Jiménez, presidenta de la Unión de Productores de Coco y Derivados, dijo que en el municipio de Othón P. Blanco, hay más de 400 hectáreas de plantas distribuidas en seis ejidos, las cuales son trabajadas por 346 campesinos.

Precisó que una hectárea de coco contiene 143 plantas que pueden producir 100 racimos semanales, con 20 cocos por racimo, cifra que esperan duplicar en un lapso de dos años.

Los agricultores buscan recursos por 11 millones de pesos, para poder instalar una planta extractora de agua, una procesadora de carbón activado y una planta para extraer aceite.

 “La pulpa se usa como materia prima para aceite de uso alimenticio o para cosméticos. Del aceite se puede substraer la harina de coco y se usa como alimento para ganado. El hueso que cubre la copra se usa para producir carbón activado. Las hojas pueden ser usadas como forraje. Fibra de coco puede ser usada en suelos arenosos ya que mejora la retención de agua y la textura de suelo, también puede emplearse en escobas o cepillos (resiste el agua de mar)”, explicó

Después de 15 años, el tallo puede ser maderable y se emplea para la construcción de casas y hasta muebles. Las palmas pueden ser usadas para hacer canastas, sombreros, y la concha puede usarse para artesanías o utensilios de cocina.

De acuerdo con el presidente del Colegio de Médicos en el estado, Francisco Lara Uscanga, el coco es una excelente fuente de manganeso. El fruto aporta el 60% de la ingesta diaria recomendada, contiene ácido poliinsaturado omega 6, sustancia efectiva para combatir parásitos intestinales.

“Hay algunos estudios que señalan que ayuda a proteger al cuerpo contra el cáncer y la osteoporosis, contiene vitamina E, la cual ayuda a tener piel y cabello saludables, además tiene propiedades rehidratantes, debido a su alto contenido de minerales y electrolitos”, sostuvo.

Hace más de 30 años, los habitantes de la comunidad de Luis Echeverría Álvarez se dedicaban al cultivo y la producción de coco, pero con la aparición del amarillamiento letal, más de 250 familias que dependían de la producción se quedaron sin sustento.

Se desconoce el número de hectáreas sembradas en la comunidad, ubicada a 20 kilómetros de Chetumal, y la producción que generaban en aquellas épocas.

Andrés Holguín Ponce, productor de coco en la comunidad desde hace más de 35 años, narró que todo el pueblo se dedicaba a sacar coco seco principalmente para vender la copra.

“Los hombres sacaban la fruta, las mujeres y niños sacaban la copra con una especie de cuchara que se hacía planchando la punta de una varilla o fierro. Una vez que sacaban la copra se ponía a asolear, y posteriormente se llevaba a la secadora. Ahí era deshidratado para trasladarlo a la procesadora de aceite que había, o hay, en la ciudad de Mérida, Yucatán. Fueron buenos tiempos”, recordó.

La plaga arrasó con las plantaciones, las palmeras dejaron de producir, y prácticamente se extinguió la planta de coco verde que era lo que predominaba en el poblado.

“Primero las nueces comenzaron a caer muy pronto, las palmas empezaron a cambiar de color a café oscuro, empezaron a secarse y la planta murió, con ellas las ilusiones de los productores de coco, que tuvieron que buscar otras opciones de cultivo como el chile jalapeño. Después de la plaga, la secadora de coco pasó a ser chatarra”, lamentó.

Entre la maleza y espinos se mantiene en pie una de las galeras en que las que se encontraban esos grandes hornos para secar la copra y que prácticamente mantenían al pueblo.

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