21 de Septiembre de 2018

Quintana Roo

Bullying, el tormento de ir a la escuela

Un estudiante de secundaria revea que fue orillado al suicidio por las agresiones verbales de sus compañeros.

De ser necesario los niños deben recibir ayuda profesional pues el bullying afecta el desarrollo del menor. (Redacción/SIPSE)
De ser necesario los niños deben recibir ayuda profesional pues el bullying afecta el desarrollo del menor. (Redacción/SIPSE)
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Jazmín Ramos/SIPSE
(Primera de dos partes)
CANCÚN, Q.Roo.- El acoso, agresiones físicas, psicológicas y verbales son un fenómeno que siempre ha formado parte de las aulas y patios escolares, hoy se conceptualiza como Bullying, debido a que se ha recrudecido con casos violentos  concluidos hasta en suicidio de menores, así como en adolescentes que desarrollan fobia social al grado de considerar un tormento acudir al colegio.

Puede comenzar como una simple broma o el clásico apodo a quien se ve como inferior por tener ciertas características físicas, pero esta violencia verbal va evolucionando hasta convertirse en un acción sistemática que llega a los golpes y en algunos casos con la ayuda de las nuevas tecnología convertirlo en un tema viral que paraliza socialmente a la victima.

Tal es el caso de Jonatan un estudiante de la secundaría número nueve quien por tener una tendencia sexual diferente constantemente era humillado bajo el apodo “La Jota”. “Ha sido una etapa difícil para mi, llegue a pensar hasta el suicidio, pero ya no les hago caso, se lo que soy y no me avergüenzo”, relata al compartir su testimonio.

Jonathan tuvo el valor de enfrentar a sus acosadores y de pedir ayuda a sus padres, quienes denunciaron a la dirección general del colegio las agresiones verbales a las que sometían a su hijo, no obstante hay niños que permanecen mudos a este flagelo, atentando incluso contra su propia vida.

La psicóloga Sandybell Robaldino Aguilar, explica que el bullying se recrudece según el nivel educativo, pero las agresiones inician en etapas incipientes del desarrollo del menor que si no se detecta a tiempo se arrastra a la vida adulta.

“En las guarderías o jardines de niños algunos menores manifiestan cierta agresividad con mordidas y empujones a sus similares, si al  agresor  no se le ponen limites, continuará con esa conducta”.

Comentó que por eso es importante que los padres de familia estén atentos al comportamiento de sus hijos para poder orientarlos e incluso pedir ayuda profesional y modificar estas tendencias nocivas para el desarrollo del menor.

Dijo que otro factor que contribuye a que el acoso escolar siga en aumento, es el hecho de que los profesores no tenga control sobre el grupo, no ponga limites, pues hay tanta libertad que los niños y jóvenes actual sin un figura que los oriente, pero sobre todo que prohíba las conductas nocivas.

Se suma también el uso de las nuevas tecnologías. Estas herramientas suele usarse como armas para denostar, desprestigiar y humillar a quienes se consideran inferiores, aquí urge que existe un blindaje sobre los dispositivos con acceso a la red en las escuelas.

Asimismo refirió que los padres juegan un papel fundamental en este fenómeno, pues los hijos imitan conductas, de tal suerte que si un niño o joven conceptualiza la violencia verbal y física como natural, entonces los tramitará fuera del hogar.

Añadió que es vital que tanto padres de familia como maestros asuman el rol que les toca en el proceso de desarrollo del menor, de lo contrario esa disparidad en las normas y reglas que impongan límites tanto en los niños como en los jóvenes seguirá generando violencia en las aulas.

Para el coordinador de Educación Básica de Quintana Roo (SEQ), en la zona norte, Jorge Coral Coral, el bullying es un fenómeno que siempre ha estado presente en las aulas escolares, pero ahora se magnifica por el grado de agresividad, de hecho el registro de la violencia tanto física como verbal  tiene una mayor incidencia en la secundaria.

Señaló ante la complejidad del problema lo adecuado es prevenir más que combatir, trabajando en crear círculos de ayuda entre todos los involucrados en el proceso de enseñanza-aprendizaje mejorando la relación social de los alumnos.

“Las autoridades educativas estamos preocupados por estas agresiones, pero no se trata una tarea que recaiga solamente en los profesores, entran otras instituciones con quienes hemos formado un equipo de trabajo para ir disminuyendo el índice de este comportamiento en las escuelas”.

Comentó que esta tendencia social de los niños y jóvenes no sólo se fomenta en la escuela sino también en el seno del hogar y el entorno social, por ello se requiere un trabajo en equipo “trabajamos precisamente en crear estas redes de acción”.

Mencionó que actualmente cuando un menor ejerce violencia se canaliza a instituciones del sector salud para que reciban orientación mediante terapias que buscan modificar ese comportamiento, cuyo tratamiento obtienen a través de las Unemes (Unidades de Especialidad Medica).

Mencionó que los agredidos también deben atención psicológica, para poder sanear el acoso de la que son objeto, pues las secuelas pueden dañar severamente su autoestima.

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