25 de Junio de 2018

Opinión QRoo

Pech se quitó los guantes

Los partidos políticos se andan por las ramas rumbo a las elecciones 2018.

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Si eran de seda y servían para conservar las buenas maneras y la civilidad –esa que la verdad tiene poca cabida en la política contemporánea mexican style–, los guantes que había venido usando José Luis Pech Várguez, fáctico líder estatal del partido Morena tras el artilugio de “delegado estatal”, cayeron para quedar las manos a flor de piel; si eran de boxeo para atenuar los golpes en la brega, la noche del domingo de plano se los quitó, despojándose de los alamares y demás ropajes civilizados para confrontar a la “mafia del poder” local a puño limpio.

El domingo por la noche, en un programa político de televisión de transmisión peninsular el doctor Pech explicó que la expresión “mafia del poder” que siempre tiene a la mano Andrés Manuel López Obrador, propietario nacional de su partido Morena, se refiere a que tanto el gobernante PRI como los ahora aliados PAN y PRD para los comicios del 1 de julio de 2018 responden a poderes fácticos situados más allá de la formalidad política, incluido el presidente Enrique Peña Nieto, que habría llegado a Los Pinos gracias a esta connivencia. Mas por primera vez respondió sin omitir nombre y apellido a la pregunta acerca de cómo aplicaría esta lógica en Quintana Roo.

Ambages aparte, José Luis Pech aseveró que el gobernador Carlos Joaquín González, abanderado por una coalición opositora al PRI que integraron el PAN y el PRD –puntas de lanza del actual Frente Ciudadano para las próximas elecciones generales, que también operará en las locales concurrentes–, obtuvo la gubernatura gracias a favores que no pagó por anticipado, sino que estaría finiquitando durante su ejercicio gubernamental, e incluso hizo una alusión a la ascendencia nacional del mandatario para explicar esta especie de “deuda” que hoy –según él– se paga a poblanos y otros demonios foráneos.

Lo cierto es que –suponemos que debido a cierto reconocimiento a Carlos Joaquín por haber logrado la proeza de sacar al PRI del gobierno del estado por primera vez en la historia– el jefe moreno estatal no había enderezado realmente las lanzas contra este gobierno en el mismo tono descarnado y marrullero que utiliza López Obrador contra todo lo que no sea su proyecto, en el poder o fuera de él, y ayer dejó de andarse por las ramas.

Muy fuerte se lanzó el ex rector de la Universidad de Quintana Roo, que acudió a la conversación dominical con cuatro periodistas en medio de una crisis partidista que no eludió explicar y acaso consiguió hacer que se percibiera menos grave de lo que parecía, al aclarar que a contrapelo de alguna nota para una revista nacional de un damnificado –y traumatizado– del abusivo régimen borgista no se trató de la crème et crème de los liderazgos municipales de Morena indignados por la inclusión de políticos del pasado, sino de un grupo de inconformes entre éstos –sin excluir a cierto número de infiltrados– que se reunieron ese día en Cancún para exigir la salida de los “advenedizos” y la renuncia al puesto y la expulsión del propio Pech.

Hasta los priistas desertores son mejor tratados que muchos militantes fundadores; incluso quienes tuvieron posiciones de poder en los dos períodos postreros del priato, con Félix González Canto e incluso Roberto Borge Angulo, cantera de la que el mismo dirigente hubiera surgido tras una larga carrera como activo tricolor, agotando los más altos encargos excepto el de gobernador.

Lo cierto es que Morena, en todos los niveles, ha optado por una política muy pragmática en cuanto a las adhesiones de políticos del pasado, incluso muchos considerados parias –verbigracia el legendario bufón guerrerense Félix Salgado Macedonio–, aunque Pech nos comentó que de hecho se trata de personajes mal vistos por la clase política local pero dueños de un notable capital de activismo como, en el ámbito estatal, Marybel Villegas Canché, Jesús Pool Moo y Juanita Alonso Marrufo. Sin retóricas sinuosas ni simulaciones lo confesó: lo que buscan son votos para llevar al poder a López Obrador y gente que los aporte, sin importar si en el camino quedan fundadores y prístinos militantes que lo que quieren no es apoyar, sino subirse a la ola.

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