11 de Diciembre de 2017

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Cárceles mexicanas, un polvorín añejo

El sistema penitenciario en nuestro país atraviesa una crisis institucional. Los motines vividos en los últimos seis meses en nuestro estado denotan corrupción...

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El sistema penitenciario en nuestro país atraviesa una crisis institucional. Los motines vividos en los últimos seis meses en nuestro estado denotan corrupción, impunidad, hacinamiento, contención de presos inocentes, tráfico de drogas, complicidad de autoridades con delincuentes y una burocracia exacerbada. Habrá muchos que piensen que la culpa es del gobierno estatal encabezado por Carlos Joaquín González o del secretario de seguridad pública, Rodolfo Del Ángel Campos, pero dicho problema es mucho más añejo porque los gobiernos en turno hicieron casi nada para tener cárceles optimas o cuando menos que se respetaran el número de internos que podían albergar.

El problema de los motines radica –entre otras cosas aparte del hacinamiento– en el famoso autogobierno que ha existido desde hace muchos años gracias a la complacencia de muchas autoridades. Lo cierto es que administraciones pasadas descuidaron las cárceles locales, por lo que en ellas no se cuenta con las medidas de seguridad adecuadas, además de que existe un alto nivel de sobrepoblación. Y es que a lo largo de los últimos años, factores de este tipo, así como la corrupción y el que las autoridades permitan que los prisioneros se autogobiernen, han derivado en hechos que se han convertido en escándalos y en un reflejo de la vulnerabilidad del sistema penitenciario.

A pesar de que ya entró en vigor una nueva ley en la materia que busca poner orden en las cárceles del país y mejorar las condiciones de los internos, los problemas se han intensificado. Expertos en reinserción social consideran que estos hechos son una muestra del control que tiene el crimen organizado sobre las cárceles del país y que las autoridades no han podido revertir. Para que nos demos una idea, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos expone que en el 65 por ciento de las 430 cárceles mexicanas el crimen organizado dirige el autogobierno, controlando la vida cotidiana dentro de las prisiones ante la complacencia de las autoridades.

Además, en la mayoría de los centros penitenciarios impera la falta de condiciones dignas de reclusión y la nula capacitación del personal de seguridad, lo que se ha traducido en motines, fugas y riñas. La CNDH dijo que por ejemplo en las prisiones donde están recluidas mujeres con sus hijos no existen condiciones adecuadas para la atención médica de las internas y sus hijos e hijas. Acorde al artículo 18 constitucional, corresponde al gobierno federal integrar un sistema penitenciario nacional y fungir como rector de los 32 subsistemas penitenciarios del país, atribución que ha sido incumplida por décadas y es causa del actual naufragio.

Un factor que conviene analizar es la ausencia de una separación entre procesados, sentenciados, reincidentes, jóvenes y adultos. Esta situación facilita la generación de los llamados autogobiernos, controlados por la delincuencia organizada y responsables del tráfico de drogas, prostitución, alcoholismo, fugas, extorsiones, riñas, motines entre otros. En promedio hay un custodio para 35 internos y no se han desarrollado sistemas de video vigilancia o celdas electrónicas para tener una mejor vigilancia de los reclusos. Los centros de reclusión son una bomba de tiempo que en cualquier momento puede estallar. Alarmas ya han habido suficientes.

Lejos de ser centros de readaptación social, las cárceles mexicanas son agujeros del estado de derecho donde el crimen organizado puede operar impunemente a sus anchas. Ejemplos abundan y todo mundo sabe que desde las prisiones se genera el mayor número de extorsiones vía telefonía celular, sin embargo, nadie hace nada con carácter definitivo. Al parecer que la única solución tonta que tiene el Gobierno es la de construir más cárceles; considero que es inexacta, ya que equivale a meter mercancía en una bodega para deshacerse de ella, es decir, para que se pudra, puesto que comercialmente no tiene ninguna posibilidad de recuperación.

Es lamentable esta comparación, pero vivimos en un País donde el sistema Carcelario y Penitenciario tocó fondo desde hace mucho tiempo, y se está convirtiendo en un detonante que en el momento menos pensado puede estallar con consecuencias fatales.

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