16 de Noviembre de 2018

Quintana Roo

Cenote San Justo un atractivo para los niños

Los menores aprovechan sus vacaciones para atrapar peces en este cuerpo de agua.

Los infantes acuden a temprana hora para capturar el mayor número de peces. (Luis Soto/SIPSE)
Los infantes acuden a temprana hora para capturar el mayor número de peces. (Luis Soto/SIPSE)
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Teresa Pérez/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Para los niños del poblado de Leona Vicario las actividades más comunes que realizan durante sus vacaciones son jugar en el predio de su hogar, fútbol en la calle o salir a pescar a los cenotes cercanos.

San Justo es uno de los preferidos por los infantes para salir de pesca, pues es el cenote más cercano. Pobladores como Aurora Pech, comentan que apenas amanece y los niños piden insistentemente que los dejen salir en grupo a pescar; después, ellos los alimentan para que los peces crezcan y, en ocasiones, con suerte y pueden ser utilizados para el consumo.

Disfrutan sus vacaciones

En su actividad dominical, cuatro hermanos disfrutaban de su día de pesca. El mayor de ellos, Álvaro, de 12 años de edad, explicó gustoso a su hermana menor qué método era el más adecuado para acechar a su presa. Traía consigo una botella de plástico abierta de un lado y sujeta a un cordón largo. Ató una piedra grande que cupiera en el envase y lo tiró al fondo del cenote para esperar unos minutos antes de sacar sus primeros peces. Para que la pesca fuera mejor, formaron parejas: Álvaro con Joe, una pequeña de apenas siete años de edad; Mildred, de 11, con Edwing, de nueve.

Ellos reían y gritaban a los contrarios que la suerte los acompañaba, pues habían atrapado seis pececitos en menos de 15 minutos.

Sin miedo al cenote

Todo está en la carnada que les pongas, sonreía Álvaro emocionado por su pesca. Para estos pequeños, a pesar de saber la profundidad del cenote, no les causaba miedo acercarse a las orillas, entre ellos se contaban las historias que conocían o habían escuchado de sus padres, tíos o compañeros en la escuela.

Unos decían que había unas enredaderas profundas que jalaban a los niños al centro del cenote y desaparecían. Mildred explicó que su maestra de la escuela les aconsejaba no ir de pesca para evitar accidentes mayores, pero esta tradición la tenían desde más pequeños, y ellos se decían conocedores de los alrededores. Finalmente, los menores se dispusieron a partir, a dejar nuevamente en la tranquilidad esas aguas de San Justo, el cenote del poblado.

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