24 de Septiembre de 2018

Quintana Roo

Viene desde chiapas a ofrecer nieve artesanal

Para mantener la preferencia con los clientes, domina el español y habla una que otra palabra en inglés.

La higiene es muy importante cuando se trata de venta de alimentos, así que Domingo se alista como en cualquier trabajo. (Consuelo Javier/SIPSE)
La higiene es muy importante cuando se trata de venta de alimentos, así que Domingo se alista como en cualquier trabajo. (Consuelo Javier/SIPSE)
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Teresa Pérez/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Con el corazón dividido, Domingo Lunez Lunez trabaja en Cancún desde hace 16 años, su llegada a estas tierras caribeñas fue producto de la falta de empleo en su comunidad, Lindavista Chamula, Chiapas; su padre cansado de la situación salió con sus tres hijos varones y emprendió el viaje hacia Cancún, una tierra que a dicho de otros vecinos, aseguraba el trabajo y la buena fortuna.

Domingo relata que el primer año trabajó como bolero al igual que sus hermanos, en lo que su papá poco a poco se hacía de los utensilios necesarios para la elaboración de la nieve artesanal e iniciar en forma este oficio familiar.

“Tenía 15 años cuando llegamos a Cancún, nunca había salido de mi comunidad, mi padre compró la caja de bolero y me fui al estadio Andrés Quintana Roo para aprovechar la gente”, sonrió al recordar aquella época, y el mal tino que tuvo para escoger dicho sitio, pues no era el más adecuado para embellecer el calzado.

"Es obligatorio servir al pueblo, de lo contrario, te quitan tus tierras y te retiran los derechos como comunidad tzotzil”

“No me fue nada bien, apenas tuve un cliente en el primer día y para que llegara esperé más de cinco horas”, y echó a reír con nostalgia de aquellos años.

Al poco tiempo, el negocio familiar inició, ‘las cosas mejoraron para la familia Lunez Lunez’, suspiró, en su Lindavista Chamula había dejado a su madre y hermanas, su hogar, aquella sierra tupida que lo enamoraba al despertar y caminar por aquellos senderos verdes, lugar en donde predomina el frío.

Cada mes visita a sus hijos y a su esposa en su tierra natal, lo hace tras una promesa que hizo desde la primera vez que salió con su padre, impulsado por aquella necesidad de mejorar la calidad de vida de su familia.

Domingo tiene firme la promesa de nunca olvidar sus raíces, por ello, regresa a su comunidad a trabajar sus tierras y a disfrutar de su familia. En Chamula tiene colgado su traje de tzotzil que lo espera cada vez que vuelve a su hogar, le gusta lucirlo con orgullo.

“Hace cinco años me quedé todo un año sirviendo a mi comunidad, cuidando a las familias, mientras los demás salen a trabajar, es obligatorio servir al pueblo, de lo contrario, te quitan tus tierras y te retiran los derechos como comunidad tzotzil”, comentó.

Para mantener la preferencia con los clientes, este hombre de 31 años, domina perfecto el español y habla una que otra palabra en inglés, trabaja a bordo de un triciclo confeccionado, pintado, con un paraguas que le da sombra durante su recorrido.

La higiene es muy importante cuando se trata de venta de alimentos, así que Domingo se alista como en cualquier trabajo, con su producto elaborado día a día.

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