10 de Diciembre de 2018

Chetumal

Sector laboral cañero, el más 'golpeado' por las carencias

La doctora en Ciencias Sociales, Martha García Ortega, solicita a las autoridades prestar mayor atención a las condiciones de vivienda y salud que viven los jornaleros.

Las improvisadas galeras donde viven los cortadores de caña, carecen de todos los servicios básicos para una vida digna. (Harold Alcocer/SIPSE)
Las improvisadas galeras donde viven los cortadores de caña, carecen de todos los servicios básicos para una vida digna. (Harold Alcocer/SIPSE)
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Claudia Martín/SIPSE
CHETUMAL, Q. Roo.- La doctora en Ciencias Sociales, Martha García Ortega, investigadora titular en el Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) en Chetumal, recomendó a la Secretaría de Desarrollo Social en Quintana Roo y a todas las instituciones de gobierno considerar las galeras habilitadas como viviendas para cortadores de caña como el blanco de la atención institucional y empresarial, toda vez que en esos espacios se concentran las tensiones sociales y laborales de la agroindustria azucarera.

“Las tensiones cotidianas, que el contexto de marginación imprime entre los mismos trabajadores, además de enfrentar la negociación diaria de sus salarios, se exponen a la competencia laboral, problemas de salud pública y abuso de enganchadores, entre otros. En general, esto alude a un problema estructural en la larga cadena productiva flexible donde priva la falta de reglamentación y supervisión gubernamental y empresarial”, dijo.

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Consideró que la condición de vulnerabilidad laboral y social de los jornaleros agrícolas en Quintana Roo, como en México atenta contra los derechos humanos y al trabajo digno, situación que responde a los esquemas del mercado laboral precario y, por añadidura, a la omisión institucional.

La investigadora ha publicado diversos artículos especializados sobre el mercado laboral en la agroindustria azucarera, migraciones laborales y migraciones indígenas refirió que las recientes noticias sobre la situación de los jornaleros agrícolas en México que estalló por la represión de la protesta de trabajadores en San Quintín, Baja California, y los reportes sobre otras regiones del corredor agroexportador del Pacífico, obligan a reflexionar sobre lo que ocurre en la frontera sur con los trabajadores asalariados, nacionales e internacionales,  empleados temporalmente a la cosecha de la caña de azúcar.

“A partir de estudios especializados, no damos cuenta de la problemática de explotación laboral que sujeta a grupos y familias jornaleras; muchos de ellos incluyen, aparte de la mano de obra masculina, la femenina e infantil y eso pasa en todos los ingenios, Campeche, Chiapas, Tabasco y Quintana Roo, a pesar que existe empleo asalariado para la población local, gran parte de la cosecha (corte de caña de azúcar), está en los brazos de trabajadores migrantes.

Importanción de mano de obra

La especialista en el tema de migraciones, señaló que en los ingenios ubicados en los municipios de Champotón (Campeche), Huixtla (Chiapas), Othón P. Blanco (Quintana Roo) y Tenosique (Tabasco) donde se contratan a alrededor de tres mil cortadores de caña, la importación de trabajadores alcanza poco más del 50% de la demanda de jornaleros. Estos grupos o cuadrillas provienen principalmente de Oaxaca, Puebla, Veracruz, Chiapas, Guatemala y Belice. Aunque participan cortadores foráneos de El Salvador y Honduras, y otras entidades del país, pero ya están asentados en las regiones cañeras. 

“Varios trabajadores migrantes y familias se han quedado a vivir en las llamadas galeras, las que convierten en sus hogares a pesar de la falta de infraestructura de servicios básicos. El decir, la precariedad laboral alcanza las condiciones de vivienda donde se hacinan las familias y responde a la falta de corresponsabilidad social, desde el gobierno y empresarios hasta consumidores. En la lista están: quienes contratan a los jornaleros, los consorcios azucareros dueños de los ingenios azucareros, que compran la caña a los productores, y las empresas transnacionales de alimentos como las importantes marcas globales de refrescos, lácteos, harinas y dulces”, detalló.

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García Ortega señaló el modelo de trabajo precario que rige en la agroindustria azucarera por la jornada a destajo, es decir, pagan por la cantidad acumulada al día, sostiene la marginación y exclusión de este sector de población con escasa atención de parte de los programas públicos y la indiferencia social. La corresponsabilidad es compartida, la deuda con estos trabajadores sigue pendiente.

Las galeras son construcciones de 20 metros de largo por 10 de ancho, que están divididas en “cuartos” de tres metros de frente por cuatro metros de fondo, donde los cortadores habitan los 200 días que puede llegar a durar la zafra, muchos de ellos con sus familias, que están integradas por al menos cuatro miembros.

Se trata de 16 estructuras de cemento con techos de lámina de asbesto, zinc o cartón. Cada ciclo llega un promedio de dos mil cortadores y, según cifras extraoficiales, por lo menos el 20% se queda a vivir en la zona.

Condiciones de vivienda para jornaleros

Sin embargo, el más reciente estudio sobre los cortadores y las condiciones en que viven y trabajan se realizó en 2008, un año después de que se construyeron nuevos albergues, pues muchas de las galeras datan de 1978.

Rosbel Pérez Sánchez, jornalero desde hace 14 años, es originario de Tabasco y junto con otras 29 personas vive en una galera improvisada. Hace algunos años fue una granja porcina cuyas tejas de los corrales y palos de la región han sido usados para improvisar viviendas.

“Vengo con mi esposa, mis dos hijas y mis dos nietos. El sueldo para los cortadores por día es de 100 a 150 pesos, el que menos gana, pero hay quienes se llevan hasta 300 o 400 pesos. Depende de las toneladas (de caña) que se junten”, expresó.

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