13 de Diciembre de 2017

Chetumal

Conviven a diario los mayas con ancestros

Existe una tradición milenaria en los centros ceremoniales del municipio.

En el interior de la iglesia, los lugareños llevan las viandas con las que cuenten para ofrendar en honor al difunto antes de sepultarlo. (Manuel Salazar/SIPSE)
En el interior de la iglesia, los lugareños llevan las viandas con las que cuenten para ofrendar en honor al difunto antes de sepultarlo. (Manuel Salazar/SIPSE)
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Manuel Salazar/SIPSE
FELIPE CARRILLO PUERTO.- Siendo un elemento considerado importante en el pensamiento de los mayas y asumido muchas veces como un castigo divino por las acciones que pudo haber cometido una persona en vida, la muerte entre los habitantes de la zona rural maya en Quintana Roo, es también parte de un ciclo que inicia y continúa pese a  la extinción física de las personas.

En los centros ceremoniales mayas existe una tradición milenaria que no se ha podido cambiar, pese a los llamados de evangelizadores, autoridades y personas foráneas, es el hecho de que las familias sepultan a sus fallecidos en el patio de sus casas, se trata de una costumbre ancestral que tiene una explicación desde la cosmogonía maya y que celosamente cuidan y vigilan incluso de quienes llegan buscando que los habitantes compartan el conocimiento o la información sobre ese tema que es considerado tabú entre los maya hablantes.

“Lo que hacemos es enterrar a nuestros muertos en el terreno en donde vivió con su familia”

“En nuestras comunidades no hay cementerios, no los tenemos porque la costumbre así lo marca, para los dignatarios, los abuelos y ancianos que tienen la palabra y decisiones en los pueblos, no se debe abrir un cementerio porque según la creencia se abre una boca a la tierra, esa boca tiene hambre constante de vidas humanas y cada vez con mayor frecuencia se estará muriendo alguien para ir a depositarlo a esos lugares, lo que hacemos es enterrar a nuestros muertos en el terreno en donde vivió con su familia, de esa forma nunca se va, sigue viviendo con nosotros y cada año en los días de muertos y en el aniversario de su muerte llega a nuestras mesas para convivir y disfrutar todo lo que siempre le ha gustado”, explica María Estela Santos Cruz, madre de familia que habita en el centro ceremonial de Chancá Veracruz.

Cabo de año

Sin embargo, asegura que la celebración de los días de muertos y el aniversario del fallecimiento conocido como “cabo de año”, es especial para los dignatarios y habitantes, los sacerdotes realizan una ceremonia diferente llamando a los difuntos que se han ido y los lugareños deben llevar parte de sus ofrendas en alimentos y viandas al altar de la iglesia en donde son recibidos para regalar a todo el que tenga hambre después de la ceremonia.

A diferencia de los das de muertos que llegan a la zona maya y los altares son elaborados por ese motivo en las comunidades y colonias con dedicación y esmero, con el mismo amor que se le tenía a la persona que murió, los indígenas de esta parte de Quintana Roo, reciben cada año, sin importar la fecha de su muerte a las ánimas de sus familiares fallecidos. “Ellos llegan para disfrutar, regresan del inframundo y gozan de lo que les damos, es un ritual y ceremonia que cada año, se realiza para recordar con cariño a los que se fueron”, señala la madre de familia.

“Regresan del inframundo y gozan de lo que les damos, es un ritual y ceremonia que cada año”

La sepultura se ubica en el patio

Afuera uno de sus hijos corta leña para preparar la comida, con la que estarán ofrendando a su difunto, cuya sepultura se encuentra justo frente a la vivienda, en el patio de la casa, revela no tener miedo de quienes han fallecido, pues asegura que lejos de agredirles cuidan a los niños y protegen a los animales de la casa.

Con la sabiduría que le caracteriza, Santiago Cruz Pereza, dignatario maya de ese centro ceremonial, explica: “Todos debemos saber que nadie muere totalmente hasta que su familia lo olvida, mientras recordemos a nuestros difuntos cada fecha de su muerte, ellos seguirán vivos, estarán entre nosotros, sólo cuando ya no nos acordemos de ellos y los olvidemos podemos decir que en verdad se murieron, pero cuando eso sucede la tristeza por su muerte ya pasó”, asegura.

Ritos para “abrirle las puertas del cielo”

Como responsable del centro ceremonial deja entrever que quienes mueren en los centros ceremoniales no se van con las manos vacías, “Les ponen un poco de maíz molido para que preparen su camino en su peregrinar hacia su destino como almas y un poco de koyem o bebida sagrada que les hará falta, antes de enterrar a la persona en el patio de la casa la sepultura es bendecida por el sacerdote del lugar y se realizan diferentes ritos indígenas para “abrirle las puertas del cielo” encendiendo velas durante la noche y el día para iluminar su camino, explica el dignatario.

Santiago Cruz Peraza, dignatario maya, reconoce en su lengua materna que la vida y la muerte para los indígenas son complementos indispensables. “La muerte no es el destino final, el que muere en gracia, es decir en paz y haya hecho cosas buenas, así como las madres que mueren en parto van al cielo, los demás están sostenidos por las ramas de la ceiba que siembra cada familia en sus patios o conservamos en el centro de cada pueblo”, revela demostrando que pese a lo avasallador de las tecnologías y las embestidas de los medios masivos de comunicación, las creencias, tradiciones, usos y costumbres siguen vigentes en las poblaciones indígenas del centro del estado.

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