25 de Septiembre de 2018

Quintana Roo

¿Tienes ganas de hacer ‘pipí’? Aguantarte podría ser grave

Malestar, calambres, cansancio e infecciones, son algunas de las consecuencias de posponer la ida al baño.

Aguantarse las ganas de orinar puede traer serias consecuencias a la salud. (revistaperfil.com)
Aguantarse las ganas de orinar puede traer serias consecuencias a la salud. (revistaperfil.com)
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CANCÚN, Q. Roo.-  En el afán de terminar aquello que estamos haciendo, especialmente en el trabajo, por no estar en el lugar o momento indicado, o simplemente por negligencia, para mucha gente es común aguantarse las ganas de orinar; sin embargo hacerlo recurrentemente puede traer consecuencias a la salud.

Desde una infección, hasta afectaciones más complicadas son algunas de las consecuencias que el portal web Notihoy comparte:

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1. Las temidas infecciones

La orina, además de agua, incluye todas esas sustancias de desecho que el cuerpo no necesita y que los riñones se han encargado de filtrar. 

Cada vez que vamos al baño, se produce una eliminación de todas las bacterias presentes en la uretra, evitando así que migren a otras zonas donde pueden causar las temidas infecciones. 

¿Qué ocurre entonces cuando, por las razones que sean, no tenemos más remedio que aguantar las ganas de orinar? Que estas bacterias están más tiempo en nuestro cuerpo y, por tanto, existen más probabilidades de que acaben adhiriéndose a la vejiga u otras partes ocasionando la temida cistitis.

2. Agrandamiento de la vejiga 

Normalmente, la vejiga admite entre 150 y 220 mililitros de líquido (depende, claro está, de cada persona). Es en estas medidas es cuando se activan unos receptores que avisan a nuestro cerebro de que ya es hora de acudir al baño. 

Entonces, el cerebro activa la sensación de dolor y molestia para que lo hagamos, para que vayamos de inmediato a vaciar la vejiga. ¿Qué pasa si no obedecemos a nuestro cerebro? Que al seguir ingiriendo bebidas y alimentos, el líquido seguirá aumentando en las paredes de la vejiga, ensanchándola y causándonos diversos daños. Es algo peligroso que debes tener en cuenta. 

3. Cálculos en los riñones 

Pocas dolencias son tan terribles como un cólico nefrítico. Si eres de esas personas que aguanta con su vejiga llena hasta el momento de llegar a casa, debes saber que, además de sufrir infecciones, estarás provocando que en tus riñones empiecen a instalarse pequeños cristalitos, generalmente originados por el calcio, el fosfato, el amonio y el magnesio. 

Son residuos que se instalan con mucha facilidad en nuestros riñones, pasando de ser simples cristales a auténticas piedras que, para eliminarlas, ocasionan un gran sufrimiento. Evítalo bebiendo mucha agua y acudiendo al baño cada vez que tu cuerpo lo necesite. 

4. Reflujo vesico-uretral 

El reflujo vesico-uretral es un problema bastante grave. Esta dolencia se genera cuando la orina, en lugar de ser expulsada al exterior después de estar un tiempo almacenada en la vejiga, regresa a la uretra y los riñones, ocasionando infecciones muy graves. 

Generalmente el reflujo vesico-uretral tiene diversas fases que van desde la I a la V, según la intensidad, siendo la primera fase la más ligera, ahí donde la orina solo llega a alcanzar al uréter. Cuando llega al riñón se está en la fase V. Es algo grave que debemos valorar porque, además de infecciones, también podríamos sufrir lesiones en la zona de los riñones. 

5. Malestar, calambres y cansancio 

Si tu cuerpo te manda una señal para que vayas al baño, es mejor no demorarte más de 10 o 15 minutos. Al final, nuestro cerebro dejará de avisarnos y llegarán las consecuencias. 

Sentirás tu vientre hinchado. Además, la acumulación de líquidos y toxinas contenidas en la vejiga deriva normalmente en escalofríos y, posteriormente, en dolor pélvico. Es decir, ya no sentimos “la urgencia” de ir al baño; ahora sentiremos cansancio y cierto aturdimiento. Eso hace, además, que se ingieran más líquidos para despejarnos, lo cual agravará aún más la situación. 

Por eso aguantar las ganas de orinar es algo serio que nunca debe convertirse en una costumbre.

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