13 de Diciembre de 2018

Quintana Roo

La dura vida de la indigencia

Andrés Silva Trinidad se dejó llevar por el alcohol hasta perderlo todo, ahora camina por las calles en busca de alimento.

Él vive entre cartones, harapos y colchonetas, compartiendo el techo con otros indigentes. (Licety Díaz/SIPSE)
Él vive entre cartones, harapos y colchonetas, compartiendo el techo con otros indigentes. (Licety Díaz/SIPSE)
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Licety Díaz/SIPSE
CANCÚN, Q.Roo.- Cancún es una ciudad que crece en población como en números de indigentes. Andrés Silva Trinidad, es de Huimanguillo, Tabasco, uno de los que a diario transitan por las calles de la ciudad sin contar con el resguardo de un hogar, una familia que lo espere y mucho menos una comida caliente que le caiga al estómago.

Comenta que su oficio es albañil, tiene 35 años y hace cuatro años que está en Cancún.

Se aprieta el estómago, se dobla por unos segundos, se reincorpora y comenta que emigró por la oportunidad de trabajo, pues le dijeron que el Caribe mexicano era ideal, al principio le fue bien, se vino por un contacto lo ayudo a encontrar trabajo.

Sólo tiene una muda de ropa que consiste en un short, una camiseta y unas chanclas viejas.

Ganaba 80 pesos diarios en la construcción de hoteles e inmobiliarias en Cancún, pero se perdió en la mala copa, luego de un año y medio empezó a extrañar a su mamá y sus hermanos. 

Entonces su idea era guardar un poco de dinero y comprarse algo pequeño para luego convencer a su mamá de que se fuera a vivir con él. El vicio lo fue cercando hasta que dejó de trabajar porque no podía levantarse en las mañanas, y se quedó sin dinero.

Antes de seguir, tose fuerte y escupe sangre, refiere que lleva una semana en esas condiciones, pero el alcohol se lo compone. En un edificio abandonado de la Supermanzana 66, pasa su vida este indigente rodeado de paredes agrietadas, malos olores y suciedad por cualquier paso de los tres pisos que la conforman.

Cartones, harapos y colchonetas en mal estado, rincones donde otros indigentes evidentemente tienen marcado su territorio y en la noche aparecen y se disputan los puestos para dormir.

Con las lluvias dice que no le fue nada bien, al no haber ventana tenía que ir a un piso intermedio donde había un rinconcito. Él junto a cuatro de su condición. En ocasiones se tenían que turnar cansados de que les salpicara el agua.

“Estos días fueron malos porque no había qué recoger de la basura”, y señala el caldero tiznado donde prepara lo que dice un “concentrado”, o sea restos de comida que hace cuando se puede porque los cerillos cuestan y las ramas secas que recoge por la calle le hacen “el paro” para la fogata en la azotea del edificio.

Se inclina y vuelve a escupir sangre, dice que es la segunda ocasión que está así, hace dos meses atrás que padeció de este mal pero se le había quitado. Ahora ha regresado con más fuerza.

Sólo tiene una muda de ropa que consiste en un short, una camiseta y unas chanclas viejas, pero menciona que va a salir a registrar en la basura, a ver si encuentra ropa.

Los indigentes en la ciudad frecuentan domicilios abandonados, se adentran en el monte, rondan los mercaditos como el 23, El Chetumalito de la Supermanzana 66 y el Independencia, ubicado en la Supermanzana 73.

La Policía Preventiva antes realizaba operativos para ubicar a personas en vagancia y luego de las 72 horas los soltaban.

Muchos entraban golpeados, al recibir abusos de las pandillas y llegaban en mal estado y luego tenían que ser valorados por paramédicos de la Cruz Roja. En la actualidad sólo van tras las rejas los que cometen faltas administrativas.

Arnoldo Bringas Villicaña, director del Centro de Sanciones Administrativas, conocido popularmente como “El Torito”, comentó que principalmente las autoridades municipales levantan a los indigentes y los llevan a la instalación cuando ingieren bebidas en la vía pública, se pelean entre ellos en la calle o con alguna persona. Permanecen de 20 a 36 horas, de acuerdo con la falta administrativa que se le aplicó.

“En tiempos de lluvia muchos indigentes buscan problemas para que los lleven, de alguna manera tienen un techo por un tiempo, una cama de cemento y algo que llevarse a la boca”, mencionó.

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