14 de Diciembre de 2017

Chetumal

“Dios es el único que me ha dado todo”

Adultos mayores en condiciones de vulnerabilidad, como Juan Porfirio González, pugnan por condiciones legales de bienestar.

Juan Porfirio González, quien a diario recorre las calles de Chetumal en una silla de ruedas. (Enrique Mena/SIPSE)
Juan Porfirio González, quien a diario recorre las calles de Chetumal en una silla de ruedas. (Enrique Mena/SIPSE)
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Enrique Mena/SIPSE
CHETUMAL, Q. Roo.- Le falta una pierna y los años pesan sobre su cuerpo, pero las ganas de amar y agradecer a Dios le sobran. “Él es el único que me ha dado todo”, exclama frente al reportero este personaje de 73 años, cuya frente, aunque perlada de sudor por el esfuerzo realizado, no mina el ímpetu de su recorrido.
 
La incapacidad física y su edad no son impedimento para Juan Porfirio González, quien a diario recorre las calles de Chetumal en una silla de ruedas, esquivando vehículos, baches y cualquier obstáculo, agradecido con Dios por haberle dado una esposa, tres hijos y nietos.
 
El seno familiar es importante, y orgulloso de haber dado una calidad de vida a sus descendientes, celebra la vida, satisfecho por contemplar su crecimiento personal.
 
Juan Porfirio González nació en el año 1939, en la ciudad de Mérida, Yucatán, y desde los 18 años de edad trabajó en una empresa de seguridad privada, desempeñando el cargo de velador. “Trabajaba 12 horas diarias”, recuerda.
 
La falta de estudios tampoco fue barrera para encontrar un trabajo que le permitiera ganar el dinero suficiente y con ello dar sustento a su familia. Comenta cuánto disfrutaba el tiempo que le quedaba libre para pasarlo junto a ellos, salir de paseo o gozar en compañía de los suyos las bendiciones que la vida y Dios le dan.
 
El minutero de su memoria avanza y rememora que a la edad de 37 años decidió cambiar de lugar de residencia, y llegó hasta Chetumal para buscar nuevos horizontes y una estabilidad financiera y emocional.
 
La tranquilidad de la colonia Adolfo López Mateos le permitió encontrar un terreno pequeño para establecer una vivienda digna de su esposa e hijos. Está convencido de que aquí encontró su espacio, y lo dice con orgullo: “fue en el Sindicato Único de Choferes de Automóviles de Alquiler (Suchaa) donde sentí la confianza y me convertí en taxista de convicción”.
 
Durante 25 años prestó el servicio a miles de usuarios: desde las seis hasta las 14 horas cubría el turno matutino, aunque en diversas ocasiones cambió al vespertino, de 14 a 24 horas para diversificar su quehacer metódico y rutinario.
 
En 2010, la falta de atención de “una herida sin importancia” derivó en un suceso que marcaría para siempre su vida. Y lo explica con una parsimonia que sorprende: “se me insertó una grapa de metal en el pie y no me di cuenta, ni la sentía, no creí que fuera a resultar en una tragedia. Le ponía ungüentos y pomadas para aminorar la hinchazón, pero la infección avanzó y tuvieron que amputarme casi hasta la rodilla”.
 
Desde hace tres años que no posee una de sus extremidades y debe andar un una silla de ruedas. Pero su vida no terminó ahí, el apoyo de su esposa María del Socorro Cervera Cauich, y de sus dos hijas y nietos, fue el respaldo requerido.
 
Desde ese entonces ha recibido manutención de sus familiares, el alimento no ha faltado en su mesa y eso ha bastado para su tranquilidad.
 
Cada mes recibe un apoyo económico por parte del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), entre 600 y 700 pesos, cantidad que le permite, en la mayoría de las ocasiones, compartir con su pareja de 68 años “algunos gustitos”.
 
Para no olvidar los días de antaño recorre las calles de su colonia auxiliado en la herramienta que sustituye su pierna, la silla de ruedas. La libertad no la ha perdido y no la perderá, pues ha gozado de alegría, amor, anhelos y deseos cumplidos. Igual de adversidad y dolor, pero que no han mermado su perseverancia de vida.
 
La esperanza muere al último. Para Porfirio recae en quienes representan a los quintanarroenses en el Congreso del Estado. Son los diputados, quienes desde “las otras sillas (curules) deben pugnar por mejores condiciones de vida para quienes los elegimos para estar ahí”, dice.
 
En la XIII Legislatura se encuentra la Comisión de Asistencia Social y Salud y la Comisión de Desarrollo Familiar y Grupos Vulnerables, cuya función primordial es luchar por mejores beneficios para todo tipo de personas que lo requieran.
 
Don Porfirio dice que el apoyo de los legisladores es fundamental, porque a través de iniciativas y reformas de ley, se pueden otorgar legalmente todo tipo de asistencias a personas en condiciones de vulnerabilidad o con discapacidad.
 
Está convencido de que mientras no exista una preocupación generalizada por parte de quienes gobiernan a los quintanarroenses, no se avanzará en el mejoramiento de servicios de salud, aunque se diga que sí hay seguridad social para toda la población.
 
Y todavía existen algunos que no cuentan con ello, principalmente para los de la tercera edad o los que tienen alguna discapacidad física, que no pueden realizar labores cotidianas.
 
Juan Porfirio González, desde su silla “y no la curul”, subraya que preocuparse por gente como él, es un trabajo que debería ser diario. Siempre.
 
Para el diputado por el PAN, Demetrio Celaya Cotero, miembro de la Comisión de Salud en la XIII Legislatura; el alcance de los servicios de salud para quienes lo requieren en mayor grado que los demás, es motivo de pelea diaria con las leyes vigentes, que limitan el acceso a quienes más lo necesitan por lagunas legales. “Nadie debe quedar fuera, para eso estamos en la silla, para que la misma ley marque un estado de satisfacción”.

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