13 de Diciembre de 2017

Quintana Roo

El contraste de la Cárcel de Cancún, la hacienda que nadie desea

El 15 de febrero del 2007 fue publicado el reglamento interior de la penitenciaría del municipio de Benito Juárez.

La cárcel tiene capacidad para 750 internos, pero actualmente residen mil 300. (Redacción/SIPSE)
La cárcel tiene capacidad para 750 internos, pero actualmente residen mil 300. (Redacción/SIPSE)
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Redacción/SIPSE (Tercera Parte)
CANCÚN, Q. Roo.- Lo que indica el Reglamento Interior de la Cárcel Pública del municipio de Benito Juárez, Quintana Roo, publicado el 15 de febrero del 2007 y vigente actualmente, es una guía para detectar lo que pasa dentro de la Cárcel de Cancún y no está permitido.

Presentar 175 armas punzo-cortantes, 65 dosis de droga, 65 celulares y fermentado de fruta como acciones relevantes en la nueva administración del penal es un hecho que el secretario de Seguridad Pública en el estado, Carlos Bibiano Villa Castillo, calificó como parte de un progreso que debe reconocer en la actual administración del penal a cargo del capitán segundo de Infantería, Ernesto Hernández Morales.

A pesar de actuar con mano firme y cumplir con el artículo 13, apartado XI, que indica conceder audiencia y visitar con frecuencia a los internos para escuchar las quejas que estos tengan a fin de citar las medidas pertinentes en lo casos procedentes; regalándoles balones, promoviendo deportes y actividades recreativas para que se despejen de cierto modo, las cosas en el interior no coinciden del todo con el reglamento.

Hernández Morales indicó que la cárcel tiene capacidad para 750 internos, pero actualmente residen mil 300, recalcando que a pesar de ello no existe otro penal en Benito Juárez para meter más gente.

En el interior de las celdas los internos preparan sus alimentos como huevo revuelto con verduras, para cortar las verduras necesitan objetos filosos como algunos de los cuchillos de mesa decomisados. Reclusos para cortar sus verduras utilizaban lo que parecía una navaja para afeitar, plana de color oscuro y afilado de un lado, un objeto hechizo. Cuchillo de mesa y navaja para afeitar, ambos considerados punzo-cortantes, los dos son objeto de decomiso; dentro del lugar personal comentaba que no había diferencia al cortar verduras con un objeto fabricado para ello, como el cuchillo de mesa, y el otro para afeitar.

Personal encargado del reclusorio indicó que esa navaja había sido otorgada con un permiso especial, un permiso de palabra, pues negarle un objeto para rebanar las verduras y no permitirles hacerlo para complementar sus alimentos sería meterse en serios problemas con la Comisión de Derechos Humanos. En el artículo dos, apartado XIII, se indica que se debe vigilar que no se introduzcan instrumentos punzantes, cortantes, contundentes y de cualquier naturaleza que puedan servir como armas; caso que incluso al personal que labora en el reclusorio pone a pensar, hace que sus ojos se dirijan hacia arriba buscando en su mente una explicación razonable, mientras indican que concuerdan con el reglamento, pero es mejor dar “chances” de palabra a que derechos humanos se les vaya encima.

El actual director del penal indicó que acabará con los autogobiernos, brindará trato respetuoso a los reclusos y apoyará para que el lugar sea un verdadero centro de readaptación, pero sobre todo al margen de los derechos humanos, prioridad total para un hombre con disciplina militar, informó Novedades de Quintana Roo el 7 de octubre pasado.

Las herramientas que los internos necesiten para trabajar en los diferentes talleres deben ser controladas por el personal uniformado, quienes de acuerdo con el reglamento en los apartados XIV y XV deben vigilar que antes y después de las labores las herramientas se devuelvan a su lugar y se resguarden para evitar que se usen como armas. En cada uno de los talleres hay un reo encargado de las herramientas, un reo que brinda su palabra para que a lo largo del día las herramientas no salgan de su zona.

Con respecto a las revisiones de celdas, decomisos, tiempos de visitas conyugales, dejar que los reos expendan sus creaciones a la hora de visitas y negarles productos de fácil fermentación como los que habían utilizado para hacer tepache, son acciones que se reflejaron con los decomisos de un mes y que los mismos encargados del penal demostraron, pero la revisión minuciosa de cada efectivo para detectar quiénes dejan pasar la droga o algún producto negado por el reglamento es un asunto en el que no se ha trabajado minuciosamente debido a que 65 dosis de estupefacientes no llegan solos al interior del penal para su venta y consumo, pero de acuerdo con Villa Castillo esos productos pueden llegar aventados desde el exterior y a pesar de la posible ayuda de un custodio no es una falta grave como para procesarlo y llevarlo al Ministerio Público de Fuero Común.

La coordinación para promover el estudio, grupos religiosos y el deporte es lo que mayor fuerza tiene en el penal, pero a pesar de conformarlos a la gran mayoría de internos parece no importarle la asistencia o simplemente no se les fomenta el interés por la participación en dichas actividades.

A pesar que el reglamento interno de la cárcel recalque como obligación a los internos brindar respeto a las autoridades, personal y entre ellos mismos, esa será una de las batallas diarias por los gestos retadores, los ademanes y palabras ofensivas incluso a los visitantes que se presentan.

Cuando los individuos ingresan a las instalaciones del penal deben ser separados e incluso su estancia es separada con derecho a visita conyugal en uno de los cuartos con aire acondicionado, pero en aquella “hacienda colorida”, como le dicen algunos reos, dividida por sectores, las mujeres entraban y salían de su zona, una de ellas se encontraba entre celdas de hombres sin supervisión de custodio cocinando huevos revueltos para su esposo y compañeros de celda, punto contradictorio que se volvió a justificar con no tener problemas con Derechos Humanos y permisos otorgados para un mejor trato a los internos.

(Edición: Redacción)

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