15 de Octubre de 2018

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El primer informe

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Este sábado 9 de septiembre, el gobernador Carlos Joaquín González rendirá su Primer Informe de Gobierno en un marco de grandes expectativas por parte de los quintanarroenses, ante el cúmulo de situaciones que el jefe del Ejecutivo ha tenido que sortear, comenzando por reconstruir el edificio de gobierno que se encontró casi en ruinas.

Los ciudadanos debemos ser conscientes que en menos de un año de gestión, Carlos Joaquín González no puede, por más que así sea su intención, transformar las viejas estructuras que se construyeron en un estado patrimonialista que se olvidó de su obligación social y abandonó, literalmente, su obligación con los habitantes de nuestra tierra.

Pedirle más de lo que humanamente un gobernante puede hacer, tomando en cuenta las condiciones en que encontró el gobierno, es por lo menos una acción intolerante y hasta absurda, producto de consignas trasnochadas que quisieran revivir el pasado que tanto dañó al estado.

Una parte de la opinión pública, en particular la que de manera cotidiana publica mensajes en las redes sociales, se ha encargado de diseminar todo tipo de información, mucha de ella sin mayores sustentos, para “comprobar” que estamos ante un gobierno igual a los que por años depredaron Quintana Roo.

Lo que sí es una realidad palpable es que, como ocurre casi siempre al término del primer año de la administración, el gobernador habrá de realizar algunos cambios en su gabinete, con la finalidad de que su gobierno comience a consolidarse.

La opinión pública compuesta por diversas voces que casi siempre difieren entre sí, ha manejado el nombre de los servidores públicos que serán relevados de sus cargos por no haber cumplido con las expectativas del gobernador; sin embargo, Carlos Joaquín es el único que sabe quiénes serán los sacrificados, sin que esto signifique que estén descartados ya para ocupar otra encomienda.

Este primer año debe considerarse como una especie de aprendizaje, puesto que muchos de los funcionarios no habían tenido cargos del nivel conferido por el Ejecutivo, también para saber quiénes se comprometieron de verdad con él y cuáles sólo se dedicaron a trabajar para impulsar su imagen política.

Cada uno de los funcionarios sabe sin duda en qué falló, en qué tuvo aciertos y en qué aspectos tendrá que mejorar su desempeño si es que sigue en el puesto. Carlos Joaquín seguramente tiene en mente los cambios que hará después del 9 de septiembre y la sociedad espera que estos sean para mejorar la administración.

Porque así como se le apoyó durante la campaña proselitista, esas mismas personas tienen el derecho de exigirle que cumpla hoy que es gobernador, pero para ello es indispensable una dosis de paciencia porque si bien un edificio se puede derrumbar en unos minutos, construirlo lleva mucho tiempo.

Por el bien no sólo de la administración estatal, sino de la misma sociedad que se ha cansado de soportar gobernantes corruptos que por muchos años hundieron al estado en la quiebra, el gobierno de Carlos Joaquín tiene que ser distinto incluso desde las mismas formas de gobernar.

Parece muy lejano, pero cinco años se pasan muy rápido y es indispensable acelerar el paso para dar esos resultados que tanto espera la ciudadanía, cansada de promesas que no se cumplen y de funcionarios millonarios al término del sexenio.

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