23 de Septiembre de 2018

Quintana Roo

‘El tronco debe ser, lo que quieras que sean las ramitas’

Doña Vicky, originaria de Guerrero, llegó a Cancún en mayo de 1983.

Virginia Romero Solís cuenta con 93 años de edad. (Eric Galindo/SIPSE)
Virginia Romero Solís cuenta con 93 años de edad. (Eric Galindo/SIPSE)
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Rubí Velázquez/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- “El tronco debe ser, lo que quieras que sean las ramitas”, es la frase con la que Virginia Romero Solís, de 93 años, ha guiado su vida y les ha enseñado a sus seis hijos, que a la vida se vino para ser feliz y que en base a estudio y trabajo se pueden alcanzar todos los sueños.

“La fortaleza que tiene una mujer ni ella la sabe, simplemente sale cuando tiene que salir”, dijo la originaria del estado de Guerrero, quien llegó a Cancún en mayo de 1983, siguiendo al menor de sus hijos.

“El verdadero valor de las personas es el que se demuestra en base al esfuerzo, por eso a mis hijos los impulsé a que se prepararan en el estudio, les enseñé a trabajar y a que en la vida se lucha y enseña a luchar a los que vienen abajo, así mis ramitas serán también grandes troncos”.

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A la sombra de un árbol de almendro, temblando de frío por el viento de la mañana y sosteniendo con su mano derecha su vestido floreado para evitar que se levantara, la mujer comentó que en su encuentro con Cancún, rentó un cuarto “pequeño” en la única zona disponible para habitar y que ahora se conoce como “El Crucero”.

Sin embargo, acostumbrada a tener su propio hogar, decidió buscar una opción de crédito para adquirir un terreno, y pagarlo mensualmente con los ingresos que recibía como supervisora de piso en el Hotel Sheraton, durante los inicios de la Zona Hotelera.

Afirmó que las cosas eran diferentes con el gobierno y los espacios, pero 30 años atrás o en la actualidad, “el que quiere trabajar progresa y el que no, pues sólo se lamenta de no aventarse e intentarlo”. 

Compra de terreno

Así que decidió adquirir un terreno en la Región 96, manzana 86, financiado por lo que en ese entonces era el Instituto de la Vivienda del Estado de Quintana Roo (Inviqroo) y pagarlo mensualmente.

“Primero hice un galeron de palitos de madera y láminas de las negras, pero en eso llegó el lobo como en el cuento de los tres cochinitos, sopló y todo se llevó”, señaló mientras sonreía y haciendo referencia al huracán “Gilberto”.

“Así que volví a embarcarme con Inviqroo, ahora por material y poco a poco fui construyendo de atrás para adelante con ayuda de un maestro albañil que desafortunadamente ya no vive, así que quitando lámina por lámina ahora tengo mi casa terminada”.

No hay un manual para tener una vida “fenomenal”, pero la vida es tan sabia que pone las pruebas indicadas para fortalecerte y aprender, “pero claro, es necesario tener los pantalones y los calzones bien puestos para salir adelante”.

A 33 años de haber llegado a Cancún, Vicky o “la abuela” como la llaman con cariño sus vecinos, ha aprendido a amar la región más que a su ciudad natal, “a mi tierra no la olvido y aunque sé que es mi raíz, soy orgullosamente quintanarroense por elección y lucha, al ser este un lugar de oportunidades para todos aquellos que lleguen dispuestos a trabajar y a dejar su corazón en cada una de sus acciones”.

 

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