15 de Diciembre de 2017

Opinión QRoo

El valor del fracaso

Es parte de nuestra cultura el miedo a equivocarnos. Tenemos miedo constante a fallar, a decir o hacer cosas equivocadas y a ser puestos en ridículo por ello...

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Es parte de nuestra cultura el miedo a equivocarnos. Tenemos miedo constante a fallar, a decir o hacer cosas equivocadas y a ser puestos en ridículo por ello. Miedo a hacer preguntas tontas y ser criticados.

Aprendemos desde pequeños, en la escuela principalmente, que debemos hacer todo bien y a la primera o tendremos malas calificaciones.

Las evaluaciones en lo general, se centran en  las respuestas correctas, sin margen de error, y peor aún, sin margen de experimentación. Esto es útil para conocer, por supuesto, que tanto aprendimos en clase, si estamos asimilando esos conocimientos o no. Pero desde una perspectiva más global, nos limita y no nos prepara para la vida.

En el mundo laboral y de emprendimiento, la aversión al fracaso es un obstáculo para la innovación. Tan es así, que existen organismos enfocados a combatir este problema. Como FailCon, conferencias a nivel global en las que los empresarios cuentan sus grandes derrotas, o la organización canadiense Admiting Failure, que motiva a las empresas a compartir sus fracasos para que los nuevos emprendedores aprendan de ellos.

Cuando empresas o individuos evitan los riesgos y se empeñan siempre en recorrer caminos conocidos y fórmulas probadas con el objetivo de garantizar un resultado específico, estamos en problemas.

Es en la experimentación, fomentando y usando el pensamiento divergente, donde las ideas propositivas, los procesos eficaces y los sistemas del mañana, siembran su semilla.

Es en la libertad creativa donde la imaginación puede volar y creer en lo imposible.

Desde los hermanos Wright, hasta Albert Einstein, la historia ha demostrado una y otra vez que los que se atrevieron a romper paradigmas y a fracasar, lograron trascender las limitaciones de la época.

En el caso de los niños y jóvenes, también el miedo a fracasar puede ser paralizante y un grave lastre para su crecimiento profesional y personal. Los padres pueden ayudar mucho a sus hijos si los alientan a experimentar, a responder, aunque se equivoquen, y no juzgarlos ni hacerlos sentir mal cuando fallan. Asimismo, la tolerancia a la frustración también es un factor clave que se debe desarrollar en la infancia, porque ciertamente el mundo exterior en la vida adulta no será complaciente con aquellos niños que fueron consentidos en exceso, y no aprendieron a enfrentar los rechazos, los errores y las adversidades.

Es necesario entender que las derrotas son grandes oportunidades de crecimiento personal y que esas lecciones, si aprendemos de ellas, nos llevarán a mejores resultados la próxima vez.

Sin embargo, hay que considerar que tomar riesgos no significa aventarse de cabeza a cualquier proyecto, porque las consecuencias podrían ser desastrosas, desde perder una fuerte suma de dinero, o peor aún, caer por error en un negocio ilícito.

Entonces ¿qué hacer para vencer el miedo al fracaso pero de forma inteligente? Tomando precauciones y riesgos calculados. Tal y como aconsejan los psicólogos: Analizar qué es lo peor que puede pasar, y sobre esa respuesta, organizar un plan de contingencia.

Caernos, levantarnos y retomar el camino es la única manera de lograr metas, y sobre todo, de transformarnos y volvernos personas más fuertes, más enfocadas, más exitosas, y por lo tanto, más seguras y satisfechas.

Como sabiamente dijo Edison, “no fracasé, sólo encontré mil maneras de cómo no hacer un foco”.

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