27 de Mayo de 2018

Riviera Maya

Ve arte en donde los demás ven sólo tierra o arena

El venezolano José Luis ha recorrido 18 países en los cuales ha dejado huella con sus esculturas.

José Luis González esculpe sascab y arena, aunque este último elemento le ha sido prohibido por la Zofemat desde hace un año. (Adrián Barreto/SIPSE)
José Luis González esculpe sascab y arena, aunque este último elemento le ha sido prohibido por la Zofemat desde hace un año. (Adrián Barreto/SIPSE)
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Adrián Barreto/SIPSE
PLAYA DEL CARMEN, Q. Roo.- Un día lluvioso para José Luis González, no es más que otro día de trabajo en su taller esculpiendo piedra de sascab, un elemento que para muchas personas en la región pasa desapercibido y el cual transforma, de un compactado pedazo de tierra, en una obra de arte; aunque también se gana la vida esculpiendo arena, un elemento más desafiante artística y literalmente, pues está “prohibido” solo para sus manos.

José Luis González nació en Barquisimeto, Venezuela el 29 de octubre de 1977 y no pasaron muchos años para que se diera cuenta de que el arte era su pasión, muy a pesar de que sus padres se opusieran, debido a que tenían estereotipado a un artista como un bohemio o una persona llena de adicciones.

Sin embargo, sin importar lo que sus padres pensaban y tras perder el primer año de secundaria, a los 12 años de edad comenzó a dar forma a una la piedra de jabón, una laja que observó fuera de su hogar. A esa piedra le veía algo característico, el rostro de una virgen. Fue ese el momento en que decidió esculpir lo que sería su primera creación.

Cuenta, entusiasmado y lleno de orgullo, que no fue una pieza perfecta, pero sí muy bien lograda, tallada con las herramientas que encontró en su camino, logrando así dar forma a la Virgen de Guadalupe junto con el rostro de Simón Bolívar donde dos manos sostenían por debajo y por arriba a esa estructura.

Descubrió su vocación

Al terminar, descubrió que eso era lo que deseaba hacer toda su vida: crear. No sin antes entregarle esa primera escultura a su madre, la que hasta ahora conserva a pesar de que varias personas han intentado comprarla, pues es un regalo que no tiene precio por el gran valor sentimental.

A sus 16 años, realizó bosquejos donde relata que dibujaba todo tipo de cosas: paisajes, rostros, objetos, pero luego de un tiempo se perfiló para la escultura en diferentes materiales, acompañado siempre de la música, pues señala que sin ella no lograría acabar una pieza.

Con sus obras de arte, tiene una relación directa muy personal, porque deja parte de su esencia en ellas, pues ha habido piezas que lo han hecho llorar, estar alterado o eufórico, al momento de realizarlas al compenetrarse con lo que ve, escucha y siente.

Artista itinerante

Lo anterior, lo ha llevado a viajar por el mundo conociendo 18 países y sus diversas culturas realizando lo que le gusta, aunque confiesa que le ha fascinado la cultura Maya.

Señala que México para él ha sido una fuente de inspiración, de trabajo pero sobre todo de ver sus sueños hechos realidad.  En Playa del Carmen estuvo un tiempo mostrando su arte al turismo internacional; en la playa Fundadores ha hecho en arena a los reyes magos, la Virgen de Guadalupe, e incluso el calendario maya.

Más de una década de esculpir

En su recorrido por el mundo ha conocido a muchos artistas con los cuales ha intercambiado sinfines de ideas en cuanto a esculturas efímeras y 15 años ya lleva perfeccionando esta técnica, que no es fácil por las características de la arena de cada lugar, señaló: la arena del pacífico y la del Caribe son totalmente diferentes.

A José le gusta trabajar de manera natural, sin materiales complicados o sintéticos, de forma orgánica para no dañar el ambiente, usando solo agua de mar y arena. Contabilizar sus obras es difícil, pues esculturas efímeras habrá hecho más de 500.  Una de ellas fue La Última Cena, que le llevó un mes seguido realizar.

Lamenta no darle valor real a su trabajo, ya que debido al valor sentimental con lo que hace no puede ponerle un precio, pues ese momento en que se abstrae del mundo y estar solo él con su pieza, no tiene precio.

Por ello, ha tenido que viajar a Puerto Vallarta a vender sus piezas elaboradas en sascab, o en su caso enviarlas, pues indica que ahora el mercado en Playa del Carmen es difícil, las ventas van llegando poco a poco y lo que más vende son esculturas como el Chaac Mol y murales que fueron elaborados para un nuevo hotel.

Sin acceso a la arena de Playa del Carmen

El único problema, dice, es que no puede elaborar el trabajo que más le gusta en la playa, sus esculturas efímeras, ya que se le ha impedido desde hace un año realizarlas, pues según las autoridades de la Zona Federal Marítima (Zofemat) desgasta la arena y daña el lugar.

Finalmente, comenta que Playa del Carmen seguirá siendo su hogar, un lugar de playas hermosas con personas extraordinarias, aunque señaló: “El día en que acabemos con las playas por la contaminación de basura, es el día en que vamos a dejar de tener este valioso recurso natural y no habrá nada que nos lo regrese, hay que tomar consciencia en todos los niveles”.

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