17 de Noviembre de 2018

Opinión QRoo

Alarmas bajo el mar Caribe

Se siguen recibiendo noticias desalentadoras acerca de la situación de los arrecifes.

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Ayer, en el marco de las conmemoraciones del Día Mundial del Agua, se hizo hincapié en los efectos de la crisis relacionada con el vital líquido. Pero también del agua salada, y de lo que pasa bajo ella: se siguen recibiendo noticias desalentadoras acerca de la situación de los arrecifes, tan importantes en nuestra región.

La mayoría sabe que a lo largo del Caribe mexicano se extiende la segunda barrera coralina más importante del mundo, pero para valorar su importancia como maravilla natural, más allá del placer que representa visitarla, es necesario saber qué amenazas enfrenta, con el fin de evitar su degradación y seguir disfrutándola.

Porque está ligada a otros ecosistemas ya que cambia la dirección y velocidad de las corrientes marinas, en tanto ayuda en el establecimiento de otros entornos costeros como manglares o pastos marinos.

Por ello resulta alarmante que desde Isla Contoy hasta Banco Chinchorro (un perímetro clave para la protección de la biodiversidad mundial), más de 60 tipos de corales y más de 500 especies de peces se encuentran en peligro de extinción, según estudios recientes publicados en revistas especializadas.

De sus bondades, la mayoría está consciente; mas no de las amenazas, que son múltiples y diversas. Por ejemplo: la extracción o sobreexplotación de material; la captura de especies ornamentales, o la construcción de infraestructuras como puertos, marinas y diques.

Aunque también las actividades turísticas; la contaminación por descargas de aguas residuales de recintos de hospedaje, como los grandes hoteles; el uso de pesticidas y fertilizantes provenientes de zonas agrícolas y urbanas, así como la generación de basura. En el plano general, el aumento de la temperatura, lo cual provoca su “blanqueamiento”.

Lo alarmante es que dicho conjunto de amenazas impide que los corales tengan un adecuado tiempo de recuperación, pues se necesita al menos una década para reemplazarlos; mientras tanto, el clima sigue aumentando, perjudicando así a quienes, paradójicamente, viven de ellos. Luego entonces, no podemos esperar más, ya que son miles que dependen de su lucimiento.

¿Qué hacer? La ruta es clara: el estado, y nuestros vecinos, deben implementar las estrategias del Acuerdo para la Sustentabilidad de la Península de Yucatán (ASPY 2030) para cumplir así de manera transversal con ese compromiso, que resultó precisamente de la 13 Conferencia de las Partes (COP) celebrada en Cancún, en diciembre de 2016.

Ya llovió. No hay pretextos.

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