19 de Septiembre de 2018

Quintana Roo

Lustra zapatos para ganarse la vida

Juan Hernández Hernández, llegó a Cancún hace ocho años y desde entonces se dedica a este oficio.

Durante la jornada de trabajo lustra los zapatos a más de 12 personas, cada servicio lo cobra a 20 pesos. (Redacción/SIPSE)
Durante la jornada de trabajo lustra los zapatos a más de 12 personas, cada servicio lo cobra a 20 pesos. (Redacción/SIPSE)
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Alejandra Galicia/SIPSE
CANCÚN, Q.Roo.- En las calles de la ciudad pasan los boleros que ofrecen servicios por una módica cantidad con el propósito de obtener dinero para sus familias, este es el caso de Juan Hernández Hernández que salió de San Juan Chamula, Chiapas, hace ocho años y desde que llegó a Cancún ha trabajado como bolero en las calles y actualmente está en el puesto de su tío en el parque de Las Palapas, donde pinta y lustra los zapatos de la gente.

Llegó a la ciudad en compañía de su hermano con la esperanza de mejorar la situación y su tío Pascual Hernández Hernández le dio oportunidad de trabajar lustrando zapatos.

Tiene 16 años de edad y no inició sus estudios de secundaria porque la escuela le quedaba a más de dos horas de lejanía y carecía de transporte público por la zona. De esa manera decidió abandonar su lugar de origen y probar suerte en Cancún.

Ser menor de edad le dificulta la oportunidad de desempeñar un empleo con prestaciones de ley, por eso apoya a su tío en el oficio de la limpieza de zapatos.

El joven trabaja de ocho a 22 horas y los fines de semana cuando las familias visitan el parque de Las Palapas labora por más tiempo, retirándose del lugar a la una de la madrugada.

Durante la jornada de trabajo lustra los zapatos a más de 12 personas, cada servicio lo cobra a 20 pesos y al día acumula más de 240 pesos.

El joven mencionó que en ocasiones la gente no quiere pagarle y baja su precio a 15 pesos cuando los zapatos de la persona son nuevos.

Los días de lluvia son los peores para Juan, ya que la gente no sale de sus casas y no desean tener los zapatos limpios y se enfrenta a la negativa de sus clientes potenciales.

“El trabajo de bolero no es difícil, y cuando no hay chamba me tengo que relajar”.

El joven comentó que dejará el trabajo para en el futuro desempeñarse de “viene viene” en las calles o de valet parking en alguna empresa hasta obtener la mayoría de edad. Cada dos meses regresa a San Juan Chamula, Chiapas, a visitar a sus padres.

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