15 de Diciembre de 2018

Quintana Roo

¡Ups!, autoridades policíacas se equivocan de casa de seguridad

Entran a la fuerza, maltratan a una empleada de la limpieza y se marchan: no era el domicilio que buscaban.

Judiciales destruyeron las puertas de una propiedad. (Archivo/SIPSE)
Judiciales destruyeron las puertas de una propiedad. (Archivo/SIPSE)
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Redacción/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Elementos de la Policía Judicial del Estado (PJE), Secretaría de Marina-Armada de México (Semar) y Policía Federal, prepararon un operativo en una “casa de seguridad”. Se colocaron sus pasamontañas, cargaron sus armas y se colocaron en posición. Entraron a la fuerza, revolvieron las pertenencias de los dueños, maltrataron a una empleada de la limpieza y se fueron porque ahí no era el domicilio que buscaban. En la salida, hasta una agente del sexo femenino encapuchada y armada se le atoró una zapatilla de tacón alto.

"¡Me jalaron de los cabellos y me obligaron a decirles el nombre de mis patrones!", narró una empleada doméstica, mientras que la dueña de una residencia, ubicada en la Supermanzana 41, la abraza y consuela: tiembla de nervios. 

Eran las 13:00 horas de ayer, estudiantes de una secundaria jugaban en el parque de la Supermanzana 41, todo se desarrollaba con normalidad en la zona. Lo único extraño y poco usual del lugar era que sobre la calle Itzal, esquina con Astros, se encontraban dos patrullas de la Policía Federal, el camión blindado de traslado conocido como “El Rinoceronte” y una camioneta de la Marina.

A las 13:29 horas, se escucharon parlantes y sirenas que se abrían paso entre los vehículos y en segundos apareció en ese misma esquina un convoy de camionetas, de doble cabina y otros vehículos oficiales, arriba de ellas iban agentes judiciales algunos de ellos encapuchados, eran liderados por el director general de la PJE, Arturo Mendiola Olivares

Las unidades ingresaron al complejo habitación exclusivo Yikal, que se localiza en la Supermanzana 40, policías federales y marinos siguieron a los judiciales. El área fue asegurada y vigilada, carro que entraba y salía de las instalaciones era revisado.

El objetivo era revisar una casa de seguridad en el fraccionamiento exclusivo y detener al “Comandante Pepe”, jefe de la plaza del 'Cártel del Golfo'.

Cuatro minutos después (13:33 horas), las unidades salieron del fraccionamiento: primero los marinos, después “El Rinoceronte” de la Policía Federal y al últimos los judiciales.

Se colocaron en fila sobre la calle Itzal, los federales se retiraron y los marinos se quedaron, también se formaron en la hilera, esperaron algunos minutos en el lugar.

Después uno de los judiciales levantó la mano en señal de reaccionar y todos se bajaron de las unidades. Eran las 13:38 horas cuando en bola se fueron hacia una residencia que se ubica sobre la misma calle, pero del lado de la Supermanzana 41.

Se desplegaron y cerraron la calle en ambos sentidos, se colocaron que puntos estratégicos, otros pusieron contra la pared cerca del domicilio en posición táctica. Otros judiciales, con un mazo de metal golpearon la puerta principal de la residencia: el sonido de los golpes se escuchaban a una cuadra, “no pongas esos” dijo un judicial.

Entre la multitud de judiciales, destacó una joven, con pasamontañas y chaleco antibalas con el logo PGJ, preparada con su pistola, escuadra, lista para reaccionar.

A la 13:49 horas, el mismo elemento que dio la orden de incursionar en el domicilio, con la mano en alto y girándola varias veces, indicaba la retirada del lugar. 

En la salida, la elegante mujer judicial sufrió un percance, su zapatilla izquierda se le quedó atorada en el camellón central hecho de piedras. Ya había avanzado dos pasos y tuvo que regresar por si zapatilla y correr solo con una para abordar la camioneta oficial.

Pero los judiciales se equivocaron de domicilio. En el que ingresaron, donde revolvieron habitaciones y destruyeron puertas, era propiedad de un matrimonio, formado por una enfermera y un doctor, que tienen más de cinco años viviendo en ese inmueble.

La trabajadora domestica, estaba aseando la recámara principal, cuando escuchó los golpes en la puerta, se asomó por la venta y vio que eran personas encapuchadas. Bajo y le puso seguro a la puerta que da a la sala.

Le habló a su patrona, que en esos momentos estaba haciendo su despensa en Plaza Las Américas, le comunicó lo que estaba sucediendo. 

La dueña le ordenó que se encerrara en el baño de la recámara principal. Pero hasta ahí llegaron los judiciales y a jalones de cabellos la obligaron a decirle el nombre de sus patrones.

La dueña, hizo una revisión del lugar y a simple vista dijo que le hacía falta una cámara, un reloj y alhajas. Lo que no previeron los judiciales es que en el domicilio contiguo hay dos cámaras de circuito cerrado que capturaron su equivocación, la cual va a solicitar la agraviada al propietario para exhibirlo como evidencia para denunciarlos, los daños y abuso de autoridad.

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