25 de Junio de 2018

Opinión QRoo

La falta de espíritu juarista en los gobernantes de hoy

El 21 de marzo de 1806 nació Benito Juárez García, justo el día en que el sol alcanza su cenit.

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El 21 de marzo de 1806 nació Benito Juárez García, justo el día en que el sol alcanza su cenit. Indio, pobre, huérfano, templado en la adversidad con la sola fuerza de férrea voluntad, convirtió su vida en la leyenda que liberó a la Patria y rescató a la República este día también es el 16 aniversario de la Asociación de Oaxaqueños felicidades y enhorabuena a todos los que han hecho posible la consolidación de esta organización dedicada a la lucha, a la verdad, a la libertad, a la exposición de la riqueza del pueblo Oaxaqueño pero sobre todo a la divulgación del ideario de Juárez.

Tres rasgos definen el perfil de Juárez.
PRIMERO: La claridad de sus ideales de justicia y de búsqueda del bien común.
SEGUNDO: La firmeza de su voluntad para alcanzar estos objetivos.
TERCERO: La congruencia entre sus ideales y su vida pública y privada.

Hoy más que nunca, el ejemplo de Juárez cobra actualidad y vigencia. Ante un municipio, un estado y un país con signos de ingobernabilidad, sin objetivos claros y por lo tanto sin destino. Con gobiernos sin rumbos, al que el municipio, el estado y el país se le deshacen en las manos.

Las lecciones y el ejemplo de Juárez se convierten en eje, motivación, inspiración e impulso, para avanzar en la construcción del estado justo, libre y vigoroso que sueñan los quintanarroenses pero sobre todo los benitojuarenses.

Juárez luchó y venció a los más poderosos enemigos de la Libertad y la Justicia. Venció los intereses de la oligarquía colonialista.

Con las leyes de Reforma, suprimió fueros y privilegios, separó la iglesia del Estado y dio fuerza, sustento y legitimidad a las instituciones del Estado mexicano.

Las fuerzas de la reacción negándose a sí mismas y a su propio país, buscaron a un extranjero para establecer una monarquía congruente con sus intereses.

Napoleón tercero y sus sueños hegemónicos, con el respaldo de su invencible ejército imperial enviaron a Maximiliano a cumplir esta oprobiosa intervención. Contra este aberrante intento de conquista, que sería además pagado por los propios invadidos, llevando Juárez la Bandera del Derecho y la Justicia en una heroica lucha enteramente desigual.

Por un lado el imperio más poderoso del mundo, por el otro la firmeza de un hombre atrincherado en la legalidad.

Por un lado, un príncipe extranjero flor y nata de la monarquía europea, por el otro, un indio en defensa de la libertad.

Por un lado los intereses económicos, los fueros y privilegios de la oligarquía criolla enquistados también en la iglesia y el ejército, apoyando la invasión. Por otro, un pueblo en harapos luchando por la justicia.

Por un lado, los invasores ofreciendo bailes, fiestas y banquetes en el castillo de Chapultepec, por el otro, Juárez trashumante en el desierto simbolizando la República.

¡Que entereza!

¡Que enorme lección para los mexicanos de hoy y para el mundo simboliza la vida de Juárez!

En suma nos enseñó que: sí se puede cuando existe claridad en las metas para perseguir el bien común. Sí se puede, cuando existe conciencia clara para defender la justicia. Sí se puede, cuando existe capacidad para diseñar un programa de gobierno que responda a los verdaderos intereses del pueblo. Un estado sin metas es un estado sin destino.

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