20 de Septiembre de 2018

Cancún

Lalo, el 'héroe' que murió en la turba (video)

El joven era problemático, se drogaba, robaba en casas y asaltaba a transeúntes.

Colocaron un altar frente a la casa donde vivía. (Eric Galindo)
Colocaron un altar frente a la casa donde vivía. (Eric Galindo)
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Eric Galindo/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Lalo N, el joven asesinado por el ruso A.V.M., era oriundo de Tabasco, desde pequeño su familia emigró a Cancún y se establecieron en la Supermanzana 70, en la calle 20, donde vivieron varios años, después se fueron del lugar hace aproximadamente un año, de 20 años regresó a la zona, pero había cambiado, aquel niño se convirtió en un muchacho problemático, se drogaba, robaba en casas y asaltaba a transeúntes.

Después de los hechos, ocurridos el pasado sábado, donde murió apuñalado por el ruso, conocido como #LordNaziRuso, cuando Lalo ingresó a la propiedad del extranjero, ahora es un joven del que dicen “que dio la vida por defender la dignidad del pueblo de México ante el racismo y discriminación”, según un cartel que fue colocado en un altar afuera de donde vivía.

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Las víctimas de Lalo fueron varias, entre ellas un “chiclero”, a quien lesionó con una navaja, para robarle sus pertenencias, robó en varias casas del “barrio” y a transeúntes que salían de los bares cercanos y que se atrevían a caminar por la calle 39 y aledañas, de la Supermanzana 70, que era su territorio.

Desde el pasado lunes, cerca de 15 personas se reúnen en la calle 20, frente a un altar, que colocaron a un lado de una puerta de una vivienda, que está a la mitad de la manzana, en honor a Lalo, ahí vivía.

Una de las vecinas, recordó que hace casi ocho años Lalo y su familia rentaron una casa que está frente a dicho altar, ahí lo empezó a conocer.

El pequeño Lalo era muy hiperactivo, solía hacer travesuras que ameritaba que su madre lo castigara, asistió a la primaria pero su comportamiento muchas veces lo llevó a que lo sacaran de la escuela.

Fue creciendo y fue cambiando, se volvió agresivo y empezó a juntarse con malas compañías, con los pandilleros de la zona.

Su familia no pudo controlar su rebeldía y menos sacarlo del mundo de las drogas. Terminó por abandonar sus estudios.

Su mamá, hermanos y él, dejaron la casa de la Supermanzana 70, ahí le perdieron la pista a Lalo, hasta hace apenas un año que lo volvieron a ver por la zona, su físico había cambiado, ya tenía bigote y barba.

El muchacho decidió invadir una de las casas abandonadas que está frente a donde vivió muchos años, en la calle 20, ahí se drogaba y se refugiaba cuando cometía algún ilícito.

“En ocasiones lo veía bien y en otras muy drogado”, dijo una de las lugareñas, quien señaló que únicamente escuchó que lo iban a velar, pero no supo dónde, porque para ella no era una persona muy grata en la colonia, por los antecedentes que tenía.

Una fotografía reciente de él, un par de tenis, veladoras, una biblia, un rosario, flores y cartulinas con “leyendas” adornan el altar de Lalo.

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