24 de Septiembre de 2018

Riviera Maya

La obra de Blanca Fierro, la artista que pagaba con pinturas

La pintora, que vivió sus últimos 27 años en la Riviera Maya, dejó sus creaciones dispersas por todo el mundo.

Blanca Fierro usaba sus pinturas como moneda de cambio para pagar en cafeterías o bares, por eso sus pinturas están dispersas no sólo en Quintana Roo, sino en todo el mundo.  (Cortesía/Ángel Ortiz)
Blanca Fierro usaba sus pinturas como moneda de cambio para pagar en cafeterías o bares, por eso sus pinturas están dispersas no sólo en Quintana Roo, sino en todo el mundo. (Cortesía/Ángel Ortiz)
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Luis Ballesteros/SIPSE
PLAYA DEL CARMEN, Q. Roo.- Blanca Fierro se fue desfragmentando en vida junto con la pintura y el arte que dejaba en cada punto por donde caminaba. Pagar comida, un café, hospedaje y transportación con parte de su obra fue una característica de la artista de trato irreverente, como la identifican quienes convivieron con ella.

Es por ello quizás, que el cuadro “Naive” se encuentre en distintos puntos de Playa del Carmen y otros lugares del mundo, “como una cubeta de pintura que goteaba en su recorrido por la vida”. 

Blanca vivió en la década de los años 80 en la Ciudad de México en casa del creador de la psicomagia, Alejandro Jodorowsky, para quién colaboró en la creación de la atmósfera de las películas “El topo” y “La montaña sagrada”.

Adoptó a Playa del Carmen

Sin embargo, en 1985 llegó a Playa del Carmen, donde rompió los esquemas clásicos aprendidos en la academia de San Carlos en la Ciudad de México, adquiriendo los fundamentos académicos de la pintura. 

Desarrolló en la Riviera Maya un surrealismo con técnica mixta sobre papel, acrílico, oleo, arena, cascara de alguna semilla o polvos de mármol con resinas, “las esparcía en el lienzo y trabajaba sobre textura”, asegura uno de sus amigos, Giovani Avashadur.

Fundadora de “Hecho en Playa”

Ya en esta ciudad participó en la conformación de un grupo de artistas locales: “Hecho en Playa”, que convocó a artistas plásticos, poetas, músicos y escritores, y que se caracteriza por fomentar la cultura a través del arte.

Raymundo Tineo, cronista de la ciudad relata cómo en 1987 se gesta este órgano cultural donde Blanca era la representación femenina. 

Él y la artista fundaron el primer taller de coral negro y arte con conchas de mar sobre la avenida Juárez, entre la Quinta Avenida y la playa, en la entonces tienda católica de “Don Susano Aguilar”; y posteriormente, en el mismo año, el entonces gobernador del Estado, Miguel Borge Martín, cedió el predio para el primer espacio cultural de Playa del Carmen, ubicado en la calle 4 con avenida 15. Tineo tiene cuatro ilustraciones originales de la pintora.

Colorido legado

La obra de Blanca Fierro era colorida, llegaba a ser una sátira y una crítica política desde un enfoque muy particular. Todos sus cuadros los regalaba, eran su moneda de cambio, era con lo que lograba subsistir.

Tanto Tineo como Giovani lo sustentan. La obra de esta fumadora compulsiva amante del café terminó también en manos de expresidentes municipales como Carlos Joaquín González, en manos de poetas para quienes llegó a ilustrar libros.  Tal es el caso del cuadro “Alas rotas”, ilustración de la obra literaria con el mismo nombre de la poetisa, Joana Satan.

Ángel Ortiz, pintor playense nacido de Yucatán, confirma que la obra de “Blanquita” como cariñosamente le llama, está en muchos lugares, no está acopiada en un mismo punto, “a mí me regalo dos cuadros que tengo en casa”, dice contento quién fungiera también como enfermero en la última etapa de vida de la creativa y que celosamente conserva dos cuadros en Playa del Carmen.

Un poco de ella en todo el mundo

Giovanni Avashadur, confidente, aliado y cómplice de la artista plástica dice con asombro, “Blanca hizo más de mil pinturas, están por todo el mundo”, “era su forma de vida, cambiaba arte por medios cotidianos como un café, así vivió ella, bohemia de principio a fin”.

Fue una artista que expuso de manera colectiva en distintas galerías como el museo Diego Rivera de la Ciudad de México y que encontró inspiración en espacios caribeños, sitios a los que declaró su amor desde 1985 y en donde descansa eternamente desde el mítico año para la cultura Maya,  2012.

Su obra está en distintas partes del mundo, pero no en un museo. Blanca se desintegraba en cada lugar que visitaba donde su moneda de cambio siempre fueron sus trabajos de ilustración.

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