23 de Septiembre de 2018

Quintana Roo

Madrugan en Prado Norte para llegar a tiempo al trabajo

Los empleados esperan el transporte público en la principal avenida del fraccionamiento.

Los choferes de transporte público inician labores desde muy temprano. (Eric Galindo/SIPSE)
Los choferes de transporte público inician labores desde muy temprano. (Eric Galindo/SIPSE)
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Alejandra Galicia/SIPSE
CANCÚN, Q. Roo.- Antes de que aparezca el alba, las personas se levantan para una jornada más de trabajo, madres de familia, jóvenes y hasta personas mayores se reúnen todos los días en un mismo punto: a las afueras de la calle Lakín y avenida número 3 en Prado Norte, en la Región 259, esta zona es conocida como uno de los seis fraccionamientos más alejados en la parte norte de Cancún.

A partir de las 5 horas inicia la vida laboral en aquella zona, paulatinamente se prenden las luces en las casas, todo en absoluto silencio, hasta que comienza el bullicio de camiones, taxistas, tricitaxis y motos que despiertan con sus ruidos de motor el ambiente.

A las 5:30 horas y cuando apenas el cielo comienza a teñirse de azul celeste, aparecen los primeros trabajadores, perfectamente peinados los hombres que trabajan en la hotelería, pulcros y planchados cargan en los hombros el mandil o la “cangurera” en la cadera; las mujeres con el cabello recogido y otras más liberales sin uniforme, en tacones y adornan con accesorios su cabello. 

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A partir de las 6 horas aparece la claridad en el paradero público y salen los trabajadores de los fraccionamientos cercanos, Prado Norte, Paseos del Mar, Paraíso Maya, Ciudad Natura y Villas Otoch, en donde hay centenares de casas de uno o dos pisos y departamentos de cinco niveles. Los que viven un poco más lejos toman tricitaxis para llegar al paradero público.

Todos caminan sin hablar mirando el reloj desde sus teléfonos, algunos que van con tiempo aprovechan a desayunar en alguno de los 15 puestos de comida ambulantes en la avenida principal; hay variedad, desde tamales, tacos de guisado hasta tortas de cochinita, mientras más trabajadores llegan más gente desayuna parada, y los que tienen prisa deben esperar a que algunos camioneros terminen de “echarse un taco” para iniciar bien el día.

Transporte público

En minutos se arman las filas con decenas de trabajadores, el movimiento es constante, suben a prisa y esperan a que el camión avance, llega otro vehículo y vuelve a llenarse a la mitad y poco a poco se aglutina menos, se ha llevado a la mayoría de los empleados antes de las 7 de la mañana.

Oscar Freyre Ovando, el despachador de transportes, conoce como la palma de su mano el movimiento en el paradero público, permanece ahí desde las 4:30 horas, con su tablita apunta el horario de llegada y salida de cada vehículo. Los camiones van para todos lados, al centro y pasa por avenidas principales, y otros se dirigen hasta la zona hotelera, se reúnen 12 unidades de Maya Caribe, 36 de Autocar, 11 de Turicun, y del otro lado de la calle más de 10 camiones de la zona hotelera.

Llega la calma

Más tarde cuando el sol ya salió por completo y comienza a provocar calor, se acercan las madres de familia a comprar comida en las fonditas improvisadas de las calles, disminuye la afluencia de trabajadores y los operadores de camiones regresan para desayunar un poco más, pero ahora con más calma. Se reúnen a compartir sin importar en la empresa que trabajan, platican sobre su trabajo, las fallas mecánicas que encuentran en sus vehículos y cuentan chistes.

Mientras unos salen a trabajar, otros llegan, entre ellos, un sujeto vestido de negro, un poco pasado de peso, con el cabello largo y revuelto, su camiseta enmarca la figura del superhéroe “Batman”, sale de uno de los camiones, después de una noche pesada acude a combatir la cruda en el puesto de cochinita, pide tres, paga y camina mientras come, los héroes deben alimentarse. 

“Está tranquilo, no salieron los niños a la escuela, la gente sale más tarde, ya son vacaciones”, dice Oscar, el despachador de transporte, después de las 7:40 el paradero público se tranquiliza, baja el ruido de los motores, algunos son apagados, hasta que Oscar indique a qué hora deben marcharse a buscar pasajeros. A las 18 horas salen los del siguiente turno y regresan los trabajadores de la mañana a sus casas a descansar después de la jornada, los últimos llegan hasta las 22 horas y a la media noche el paradero y la vida en aquella zona duerme.

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