15 de Agosto de 2018

Opinión QRoo

Sentido común para Cancún

Cada vez que se registran hechos de alto impacto como los más recientes resurge la idea...

Compartir en Facebook Sentido común para CancúnCompartir en Twiiter Sentido común para Cancún

Cada vez que se registran hechos de alto impacto como los más recientes resurge la idea de salvar la ciudad desde sus cimientos, concebidos para brindar oportunidades y cobijo a quienes dejan sus lugares de origen, que se cuentan por millones a lo largo de su corta historia.

Para miles ha sido la tierra prometida. Y sigue siendo para otros tantos, que llevan décadas ganándose la vida aquí, o apenas llegan con sacos de esperanza porque en su estado o país no hallaron soluciones. Y la realidad local suele espetarles lo desconocido u ocultado como aquello de las noches sangrientas de la última semana.

Aun con todo lo malo que ello implica, es “hogar, dulce hogar”: porque las circunstancias trágicas de la violencia criminal no se sobreponen a las bellezas naturales, al éxito turístico de la marca Cancún, a las fuentes de empleo que se multiplican o a las recuperaciones históricas (orgullo puro) tras los embates de los huracanes más poderosos como “Gilberto” (1988) y “Wilma” (2005).

Autoridades de los tres niveles han insistido en esta última idea. También pioneros, fundadores, promotores turísticos y la mayoría de los que entienden la misión original: hacer de esta una tierra de oportunidades sin tragedia.

Y el debate sobre cómo hacerlo recobra sentido por estas fechas, cuando se conmemora, y también celebra, un aniversario más. Ya son 48 años, de los cuales, una innegable mayoría ha transcurrido de buena manera; es decir, sin los sobresaltos que hoy golpean con rudeza desmesurada. Aunque debe reconocerse que vicios e insuficiencias los hay de origen en casi todos los campos.

Pero nunca es tarde para identificar, admitir y corregir; menos en marcos conmemorativos como el mencionado, que ponen la hoja de ruta sobre la mesa, y menos aún en el contexto del proceso electoral, cuando los competidores –y sus promotores– se atreven a aparentes presentar panaceas definitivas. No es así cómo se afrontan las problemáticas enraizadas.

Paradójicamente, el ejemplo lo puso el presidente municipal Remberto Estrada con su ya famosa frase: “Las condiciones no están dadas para que yo participe”. Porque en el fondo hizo referencia elocuente a la violencia como asunto prioritario para atender. Lo explicó así: “No puedo gobernar y hacer proselitismo. Opto por la primera porque fue y sigue siendo mi compromiso”.

Vuelvo al punto con eso: ¿Y si cada quien asumiera su responsabilidad y postergara sus ambiciones particulares? En Cancún hace falta más sentido común.

LO MÁS LEÍDO

LO MÁS COMENTADO

NOTAS RELACIONADAS

Comentarios

Responder a  Name   
Comentarios
Responder a  Name   
Responder a  Name   
DE:(TUS DATOS)
Nombre
E-mail
ENVIAR A:(DESTINATARIO)
Nombre
E-mail
Comentarios