23 de Septiembre de 2018

Chetumal

'Me he encontrado cara a cara con las bolas de fuego'

Daniel Pérez Arena contó las experiencias riesgosas que ha vivido durante el combate de los incendios.

Durante su plática se notó la emoción a flor de piel por la labor que ha desempeñado. (Javier Ortiz/SIPSE)
Durante su plática se notó la emoción a flor de piel por la labor que ha desempeñado. (Javier Ortiz/SIPSE)
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Javier Ortiz/SIPSE
CHETUMAL, Q. Roo.- Con más de cinco años como brigadista comunitario, Daniel Pérez Arena, habitante de la comunidad de Río Escondido, tiene varias experiencias en el campo de fuego, uno de ellos, el más reciente, cuando participaba en la sofocación del incendio “El Olvido” que surgió en las inmediaciones de su ejido, tras salirse de control una quema agrícola.

“Me he encontrado cara a cara con las bolas de fuego que se formaban con el viento. Basta una ráfaga de aire para que avive un pequeño tizón y se convierta en una enorme lengua de fuego en forma de remolino, que si no se toman las precauciones correspondientes, puede terminar envolviendo al brigadista, pues el viento no sopla de manera fija hacia un lado. Es traicionero”, señaló.

Cuando habla se nota la emoción a flor de piel por la labor que ha desempeñado como brigadista comunitario, a pesar de lo pesado que significa.

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“Hay que cargar un bidón con capacidad para 20 litros de agua, tipo chaleco, que servirá para sofocar las llamas. Esa es la parte más difícil, pues en ocasiones hay que transportarlo varios kilómetros para llegar donde está activo el siniestro y en la mayoría de las ocasiones, hay que atravesar por caminos sinuosos, llenos de vegetación que impiden avanzar. Es una labor que sólo puedes realizar dos ocasiones durante el día, dependiendo la distancia que haya que recorrer para acarrear el agua”, subrayó.

Hace tres años participó en un siniestro de las mismas magnitudes; lo recuerda, porque varias ocasiones corrió con el riesgo de ser envuelto por las llamas, provocado por el repentino cambio de viento, que varias veces vio venir “como una sábana de fuego, dispuesta a envolverme”, recordó.

Un tizón bajo la hojarasca o una raíz bajo el suelo que se mantenga encendida, es suficiente para continuar un incendio forestal, que si no se detecta o controla a tiempo, puede resultar en un mega incendio, pues en muchas de las ocasiones las llamas parecen haberse calmado sobre la superficie, pero en el subsuelo, existen raíces profundas que ya son consumidas por el fuego y que aparecen varios metros adelante, suficiente para continuar el siniestro. 

Intensa lucha

En una ocasión, tras varios días de intensa lucha por sofocar las llamas, “cuando creíamos tener el control, un fuerte viento aventó varios metros una chispa que se encontraba en la punta de un árbol, lo que fue suficiente para que crezca rápidamente otra zona de fuego”, platicó emocionado.

Daniel Pérez Arena es uno de los brigadistas comunitarios que combatieron casi un mes, el incendio denominado “El Olvido”, que se salió de control, cuando un veterano productor intentó quemar su milpa, pero lo abandonó cuando consideró que lo habían sofocado por completo, hasta que las llamas habían avanzado varios metros y resultó inútil el esfuerzo de los ejidatarios, a pesar que pidieron ayuda a sus vecinos de poblaciones aledañas. 

Dijo que la mayoría de las veces, los productores pecan de expertos y es cuando se producen desastres de este tipo, porque no extreman sus medidas, en ocasiones no hacen sus guardarrayas, avisan a las autoridades cuando el incendio ya avanzó y no respetan el calendario de quemas agropecuarias.

Destacó que uno de los errores que frecuentemente cometen los ejidatarios es el de quemar sus milpas a plena luz del día, cuando tienen varios factores en contra, como el sol, el viento y las hojas secas. Lo ideal es quemar durante la noche para evitar el viento y se pueda percibir con mayor claridad los carbones encendidos, aún cuando se encuentren bajo la hojarasca.

Sin duda, el incendio “El Olvido”, tras devastar más de tres mil hectáreas de vegetación arbustiva, de acuerdo a los mismos ejidatarios, dejó un amargo recuerdo a los pobladores que, sin embargo, continúan realizando sus quemas agropecuarias, aunque un poco cautelosos, lo que consideran las autoridades ejidales como irresponsable, pues el calendario lo prohíbe hasta el 15 de mayo, tentativamente.

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